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Capacitación para maestros de Escuela Dominical - Curso 3 |
Contenido:
La
importancia de valores absolutos
Los "4
pasos de la verdad"
Los valores tienen que ver con dos preguntas fundamentales:
A estas preguntas debemos responder con principios bíblicos, y debemos ayudar a los niños a que ellos mismos puedan encontrar respuestas basadas en la Biblia. Estas respuestas serán muy diferentes de las respuestas que ofrece la sociedad que nos rodea. Por más que en la educación secular se hable también de "valores", muchos de estos valores son muy diferentes de los valores bíblicos.
La mayoría de las personas modernas creen que los valores son producto del hombre: Damos valor a lo que consideramos bueno para nosotros y para la sociedad. Por ejemplo "es malo robar porque hace daño a la sociedad"; "es bueno hacer un trabajo productivo porque esto ayuda a desarrollarnos mejor", etc. En otras palabras: se cree que los valores se definen en un acuerdo mutuo de todos. Esta es la cosmovisión humanista; ¡pero no es bíblico!
El filósofo J.J.Rousseau fue el primero en expresar claramente esta idea. El dijo que las leyes y la moral son producto de un "contrato social" entre las personas que integran una sociedad, o sus antepasados.
Antes de Rousseau, la moral se basaba en valores absolutos. Alguna instancia afuera del hombre definía los valores. En los países influenciados por el cristianismo, era claro que los valores vienen de Dios, y por tanto el hombre no puede cambiarlos. Pero después de Rousseau y la "Ilustración", surgió la idea de que el hombre puede cambiar los valores a su antojo, y que todo es relativo.
En esta cosmovisión humanista, se
enseña que todos los valores pueden cambiar con el tiempo y con
las circunstancias. Si una sociedad consideraría que asesinar a
otros es bueno, podría ponerse de acuerdo sobre esto y cambiar
los valores, y declarar que el asesinato es bueno. Si la mayoría
decidiera así, nadie podría decir algo en contra.
De hecho, esto sucedió en Estados Unidos en el año 1973, cuando
se declaró legal abortar a un bebé no nacido, lo que es un
asesinato. Actualmente, en este mismo país se está discutiendo
sobre la posibilidad de legalizar la práctica de matar a bebés
discapacitados o enfermos mentales, aun después de nacer. Esta
es la consecuencia del relativismo.
Esta cosmovisión humanista está
influenciando también las iglesias. En una encuesta realizada en
Estados Unidos, 85% de los jóvenes cristianos estaban de acuerdo
con esta declaración: "Lo que es correcto para una persona
en una situación dada, puede no ser correcto para otra persona
en esta misma situación." En otras palabras, ellos razonan:
"Solo porque tú lo consideras malo, no significa que sea
malo para mí." - Ellos siguen el relativismo, la idea de
que no existen valores absolutos.
(Josh McDowell,
"Sigue la verdad y triunfa"; Editorial Mundo Hispano
1997)
La misma tendencia se observa en iglesias latinoamericanas.
Josh McDowell sigue diciendo:
"Un 45% de
nuestros jóvenes estaban de acuerdo con la afirmación:
Todo en la vida es negociable'. La sorprendente
implicación de esta estadística es que casi la mitad de
nuestros jóvenes no pueden o no quieren reconocer que algunas
cosas en la vida no son negociables. Es difícil, por supuesto,
que se den cuenta de los efectos devastadores de semejante
opinión, pero es parte del problema total. Muchos de nuestros
niños y jóvenes están luchando con el concepto de la verdad, y
cómo lo han de aplicar a su propia vida y experiencia. Nuestro
estudio indica que nuestros hijos se sienten confundidos sobre
qué es la verdad y quién la define; tienen incertidumbre sobre
qué verdades son absolutas y qué es lo que las convierte en
absolutas. En consecuencia, toman decisiones condicionales,
escogiendo lo que parece convenirles mejor en ese momento, sin
reconocer los principios fundamentales sobre los cuales deben
guiar su conducta.
Muchos de nuestros jóvenes sencillamente no entienden o aceptan
la verdad absoluta, es decir, lo que es verdad para todas
las personas, en todos los tiempos y en todas partes.
Una verdad absoluta es una verdad que es objetiva, universal y
constante.
... Nuestro estudio indica que cuando los jóvenes no aceptan una
norma objetiva de la verdad, sucede que son:
¡un 36% más propensos a mentirle a usted como padre o madre!
¡un 48% más propensos a copiar en un examen!
¡dos veces más propensos a tratar de dañar físicamente a
alguien!
¡dos veces más propensos a mirar una película pornográfica!
¡dos veces más propensos a robar!
¡tres veces más propensos a usar drogas ilícitas!
¡seis veces más propensos a intentar suicidarse!
... Lo que nuestra juventud opina sobre la verdad, tiene un
efecto definitivo sobre su conducta: las decisiones que toman y
las actitudes que adoptan."
Vimos en la Lección 3.1, que para Kohlberg y Fowler (y para muchos
psicólogos y educadores modernos), la etapa más avanzada del
desarrollo moral consiste en "principios éticos
universales", "el amor absoluto y la justicia
absoluta". Pero para ellos, se llega a reconocer estos
principios por medio de un diálogo sobre diferentes
"verdades" que son relativas: "La verdad es
relativa, dialógica". Entonces también la idea de
"amor" o "justicia" que uno va a tener, será
relativa y dialógica. Apoyarse en los principios bíblicos
sería "intolerante" y señal de una "fe no
reflexionada", según estos psicólogos.
Pero ¿a qué ideas de "amor" y "justicia"
llega esta sociedad humanista? Encontramos que en la realidad,
diferentes personas tienen conceptos muy diferentes.
¿Qué es "amor absoluto"?
Para algunos, "amor" significa dejar que todos se
aprovechen de uno.
Para otros, "amor" significa "sexo libre".
Para otros, "amor" significa sobreproteger y engreír a
los niños.
¿Qué es "justicia absoluta"?
Para algunos, "justicia" significa matar a todos los
terroristas.
Para otros, "justicia" significa liberar a todos los
terroristas presos.
Para algunos, "justicia" significa que todos los
trabajadores deben recibir el mismo sueldo.
Para otros, "justicia" significa que los que trabajan
más, deben ganar más.
Si creemos que es el hombre quien
define los valores, y que la verdad es relativa, entonces no
podemos hablar de "amor absoluto" y "justicia
absoluta": solo terminamos con una confusión.
Entonces, para tener y enseñar valores verdaderos, necesitamos
reconocer primero que los valores vienen de Dios, y no
cambian. Ciertas cosas son buenas, y otras cosas son
malas, y es Dios quien define lo que es bueno o malo. Esto no
depende de las circunstancias.
Regresando a nuestro ejemplo de
"amor" y "justicia":
La Biblia nos presenta varias situaciones donde Dios parece ser
injusto, según nuestro criterio humano. Examinaremos uno solo de
estos ejemplos:
"Cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro Padre,
(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni
mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección
permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le
dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob
amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay
injusticia en Dios?" (Rom.9:10-14)
¿No es injusto preferir a un hermano sobre el otro, sin que
hayan hecho ni bien ni mal? ¿Qué responde el apóstol a esta
pregunta?
"De ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré
misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del
que yo me compadezca. ... Mas antes, oh hombre, ¿quién eres
tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que
lo formó: ¿Por qué me has hecho así?" (Rom.9:15.20)
El problema es este: Cuando digo "Dios es injusto",
entonces estoy tomando mi propia definición de justicia, y la
aplico a Dios. Pero aquí nos dice la Biblia, que es Dios quien
define los valores, y no el hombre. Entonces, si Dios me parece
injusto, no debo cuestionar a Dios, sino soy yo quien tengo que
corregir mi definición de "justicia". - Un maestro lo
expresó una vez de esta manera:
"No existe ningún trono superior con un letrero "Justicia", ante el cual Dios tendría que inclinarse."
Esto es muy difícil de aceptar para muchas personas, incluso cristianos. Pero si queremos realmente vivir según la voluntad de Dios, entonces tenemos que aceptar primeramente que es Dios quien define los valores, y que nuestros valores pueden ser equivocados.
Esto no significa que los valores
de Dios fueran arbitrarios. Los valores de Dios se basan
en la persona y el carácter de Dios.
¿Por qué, por ejemplo, nos manda Dios que digamos la verdad?
¿Fue esto solo un capricho de Dios que dijo: "A ver, qué
tal si doy este mandamiento? - De ninguna manera. Dios nos manda
decir la verdad, porque El mismo es totalmente veraz.
¿Podríamos imaginarnos a Dios diciendo una mentira? Seguro que
no. Entonces, para ser conforme con Su propio carácter, El no
pudo dar un mandamiento diferente de este.
Esto lo podemos aplicar a todos los valores.
¿Por qué Dios nos manda amar a nuestros prójimos? - Porque
Dios mismo es amor. Entonces, si queremos saber qué es el
verdadero amor, debemos observar cómo Dios mismo actúa.
¿Por qué Dios nos manda apartarnos del mal? - Porque El mismo
es santo, apartado de todo mal.
etc.
Esto nos da una pauta clara para cualquier decisión en nuestra vida: ¿Cuál decisión es conforme al carácter y los mandamientos de Dios? Esta es la que debemos escoger. - También podemos preguntar: ¿Qué haría Jesús en esta situación? Esta es una muy buena pregunta para evaluar cualquier decisión. Ya a los niños les podemos enseñar siempre hacerse esta pregunta.
Los "4 pasos de la verdad"
Josh McDowell recomienda enseñar a los niños y jóvenes los
siguientes cuatro pasos para evaluar cualquier situación y
decisión:
1. Considera las opciones.
¿Qué opciones tengo? ¿De qué maneras puedo actuar en esta
situación? ¿Y quién determina lo que es bueno o malo en esta
situación?
2. Compáralas con Dios.
Este paso consiste en admitir que Dios es absolutamente justo, y
que El define lo que es bueno y lo que es malo. - Entonces, con
la ayuda de la Palabra de Dios, examinamos las opciones que
tenemos, para descubrir cuál de ellas es conforme a la voluntad
y el carácter de Dios.
3. Comprométete con el camino
de Dios.
En este paso es necesario hacer una decisión personal: Si hemos
descubierto en el Paso 2 cuál es la voluntad de Dios, entonces
tenemos que comprometernos a hacerla. Por nuestra naturaleza
egoísta, tal vez querremos hacer algo diferente; pero tenemos
que someternos a Dios. No tratamos de justificar nuestros deseos
egoístas, sino los abandonamos para hacer la voluntad de Dios.
4. Confía en el cuidado de
Dios.
Hacer la voluntad de Dios significa correr riesgos y a veces
sufrir pérdidas. Pero podemos saber que Dios nos cuidará en
todo ello, y que Su recompensa finalmente va a ser mucho mejor
que lo que podemos perder.
"Vivir de acuerdo con la voluntad de Dios trae muchas
bendiciones espirituales: Liberación del sentido de culpa, una
conciencia limpia, el gozo de compartir a Cristo, y, lo más
importante, el amor de Dios y su aprobación de nuestra vida.
Además, cuando somos obedientes a Dios, disfrutamos de muchos
beneficios físicos, emocionales, psicológicos y relacionales.
Aunque la protección y provisión de Dios no debe ser en los
niños la principal motivación para obedecerle, sí les provee
un refuerzo poderoso para que se decidan por lo bueno y rechacen
lo malo."
En muchas situaciones de la vida diaria se pueden utilizar estos cuatro pasos para analizar las maneras como podemos reaccionar. Cada vez que un niño se enfrenta con una decisión o dificultad, podemos tomarlo como una oportunidad para entrenar estos cuatro pasos.
La educación de valores
se fundamenta sobre la obra de Dios en el niño.
Con todo, hay que tomar en cuenta que la educación de valores no
funciona mientras el niño no ha nacido de nuevo, y no tiene el
Espíritu Santo. El apóstol Pablo menciona que hubo una etapa en
su vida cuando él conocía la voluntad de Dios; incluso quería
hacerla, pero no podía (Rom.7:15-23). Más adelante dice:
"Porque los designios (pensamientos) de la carne ... no se
sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden."
(Rom.8:7). Por eso, mientras estamos todavía en la carne, ¡todo
el conocimiento de los valores no nos hace avanzar!
Es el error del humanismo que cree que con la educación
intelectual y moral, se mejora el carácter. (¿No debe hacernos
pensar, que aquellas personas que más daño hicieron a la
sociedad, en su mayoría tenían títulos universitarios?)
Si enseñamos a un incrédulo a "comportarse como un
cristiano", solo hacemos "socialización
cristiana" y criamos a pequeños hipócritas. El Nuevo
Nacimiento tiene que suceder primero.
Los valores cristianos
deben transmitirse en la familia.
Ya vimos anteriormente, que los primeros encargados de la
educación de los niños son los padres. Entonces, los padres en
primer lugar deben ser capacitados para enseñar valores, con su
palabra y su ejemplo.
Un principio importante es premiar a los niños por buenas decisiones
y actitudes; no por actos de conformidad externa. Muchas
veces, los niños son alabados y premiados por talentos naturales
que tienen: por sus notas escolares, su apariencia exterior, sus
logros deportivos, etc. Pero todo esto no tiene nada que ver con decisiones
morales del niño.
Ejemplo: Un niño que tiene mucho talento para dibujar,
termina un dibujo tan rápido como puede y corre a jugar. Otro
niño, que tiene menos talento, se esfuerza y persevera para
producir un dibujo tan bueno como puede, aunque no sale tan bueno
como el dibujo del primer niño. En este caso, es apropiado
premiar al segundo niño por su perseverancia y diligencia,
porque mostró una mejor actitud que el primer niño; por más
que el primer niño tenga el dibujo más bonito.
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