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Apologética contra el evangelicatolicismo - Parte 4

Sacramentos y rituales de los evangélicos

¿Qué es un sacramento? - Dicho de manera simplificada, es realizar una acción externa para llevar a cabo una realidad espiritual. Quizás esta explicación no es 100% exacta, pero expresa la idea que está detrás de los sacramentos: Se cree que una acción externa, material, pueda producir cambios espirituales. Que el agua del bautismo, un elemento material, produzca un nuevo nacimiento, espiritual. Que el pan y vino de la eucaristía (o cena del Señor) produzca una comunión espiritual con el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Que la imposición de manos, o la unción con aceite, produzca una unción espiritual y confiera cualidades espirituales (en la confirmación y en la ordenación de sacerdotes).

En la Reforma, Martín Lutero rechazó varios sacramentos porque dijo que no eran instituidos en el Nuevo Testamento. Se quedó solamente con el bautismo, la eucaristía (cena del Señor), y la confesión; y más tarde dudó también de la confesión. Pero Lutero mantuvo la idea fundamental del "sacramento" (una acción externa que produce una realidad espiritual).

Algunos círculos evangélicos hoy en día prefieren hablar de "ordenanzas" en vez de "sacramentos", y dicen que son solamente "simbólicos". Pero al cambiar el nombre, ¿ya cambió también la idea que está detrás?

Lo que quiero hacer entender al lector con este artículo, es que la idea fundamental del "sacramento" ya está equivocada y no corresponde con la Palabra de Dios. La idea del "sacramento" sugiere que nuestras acciones materiales influencian al mundo espiritual. En otras palabras: que con una acción externa podemos "obligar" a Dios a producir un efecto espiritual. Pero la Biblia nos muestra un principio contrario: Lo espiritual es primero; lo material viene después. Las cosas materiales son el efecto o la expresión de lo espiritual. Lo material obedece a lo espiritual; no al revés.

Algunos ejemplos ilustrarán este principio:

- Dios creó el mundo por medio de Su palabra. Lo primero fue la palabra de Dios hablada (una acción en el mundo espiritual); en consecuencia apareció el mundo creado (lo material). Vea Génesis 1:1-31, Salmo 33:6-9, Hebreos 11:3.

- Las "ordenanzas" del Antiguo Testamento (el culto en el templo, etc.) eran "figura y sombra de las cosas celestiales" (espirituales) (Hebr.8:5). Existe un tabernáculo "espiritual" de Dios en el cielo que es la "cosa verdadera", el "original". Dios mandó a Moisés a construir un tabernáculo terrenal, material, según este original espiritual: "...como se le adviritó a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte." (Hebr.8:5, Ex.25:40)

- En el Nuevo Testamento, Jesús aclaró que necesitamos primero un cambio espiritual (un cambio del "corazón"), y solamente desde allí podrían cambiar también nuestras acciones exteriores.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpian el vaso y el plato por fuera, pero por dentro están llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero el vaso y el plato por dentro, para que también sea limpio por fuera." (Mateo 23:25-26)
"Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí. ... Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer sin lavar las manos no contamina al hombre." (Mateo 15:8.19.20)

¿Cómo entendemos entonces las "señales materiales" que Dios nos ha dado, tales como el bautismo o la cena del Señor? - Apliquemos el principio que acabo de explicar. Tomemos como ejemplo el bautismo. Según Romanos 6:3-4, en el bautismo somos enterrados junto con Cristo y resucitamos junto con Cristo. Este es el cambio espiritual que en otras partes se llama "nacer de nuevo" o "nacer por el Espíritu Santo". ¿Es entonces el bautismo lo que causa que una persona nazca de nuevo? - "De ninguna manera", diría el apóstol. Si fuera así, entonces yo podría bautizar mi mesa y mi silla y nacerían de nuevo (como dijeron los antiguos bautistas). La realidad espiritual (el nuevo nacimiento) es lo primero, y el bautismo es su expresión. Por eso, los apóstoles llamaron primero a la conversión y después al bautismo: "Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo..." (Hechos 2:38). "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo ... y en seguida se bautizó él..." (Hechos 16:31-33).

Entonces, donde hay una realidad espiritual (alguien nace de nuevo), allí el bautismo es la expresión legítima de esta realidad espiritual. Pero no podemos poner esta verdad de cabeza y decir: "Cada vez que alguien es bautizado, esta persona nace de nuevo." Muchos bautismos son "vacíos" y carecen de realidad espiritual, porque la persona que se hace bautizar no se ha convertido de verdad. En estos casos, aun todas las aguas del mundo no podrían obligar a Dios a hacer nacer de nuevo a esta persona.

Con esto no deseo disminuir la importancia del bautismo. Las Escrituras dejan claro que el bautismo es requerido como expresión del nuevo nacimiento, dondequiera sea posible. Donde la realidad espiritual está presente, el bautismo es efectivamente la señal material y representación de esta realidad espiritual. Pero es importante entender que la realidad espiritual es lo primero y lo fundamental.

Lo mismo se aplica a la cena del Señor. Según 1 Cor.10:16, la copa que partimos es la comunión con la sangre de Cristo, y el pan que partimos es la comunión con el cuerpo de Cristo. La realidad espiritual es la presencia de Jesucristo entre nosotros; y el pan y el vino son expresiones de esta realidad. Pero más abajo dice Pablo que cuando los corintíos se reunían, había disensiones, y "cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga." (1 Cor.11:21). En estas circunstancias, dice Pablo, "esto no es comer la cena del Señor." En otras palabras: Cuando ustedes no están en comunión con el Señor (y todo vuestro comportamiento demuestra que no lo están), por más que partan pan y vino y hagan todo "litúrgicamente correcto", esto no es la cena del Señor. Es un ritual vacío, sin ninguna realidad espiritual. Donde las personas reunidas no están en comunión espiritual con el Señor, aun todo el pan y todo el vino del mundo no podrán obligar al Señor a entrar en comunión con ellos.

Podemos ilustrarlo también con el cuento del gallo y el sol. Un campesino se jactó: "Mi gallo tiene poder aun sobre el sol. Cuando mi gallo canta en la mañana, después sale el sol." Aquí entendemos fácilmente que este campesino tiene las cosas al revés. No es el gallo que causa la salida del sol; mas bien es la salida del sol que hace cantar al gallo. Lo mismo con los "sacramentos": No es nuestro ritual que causa que Dios actúe; mas bien es la actuación de Dios que nos llama a expresarla por medio de un "sacramento". Y así como a menudo el gallo canta aunque no es la salida del sol, a menudo se celebran rituales en las iglesias sin que Dios esté actuando.

Supongo que la mayoría de los evangélicos estará de acuerdo conmigo hasta aquí; por lo menos en la teoría. (La práctica es otra cosa...) Pero estoy observando otros rituales en las iglesias evangélicas, donde aparentemente hay todavía una fuerte mentalidad "sacramental":


El ritual de la "oración de entrega".

La mayoría de los evangélicos no creen que uno nace de nuevo por medio del bautismo. Pero aparentemente, la mayoría de los evangélicos creen que uno nace de nuevo por medio de una "oración de entrega a Jesús". Cuando pido a un evangélico que me cuente cómo nació de nuevo, casi todos refieren al momento cuando "hicieron la oración". ¿No es esto también un ritual externo, igual que el bautismo? ¿De qué manera es esta creencia mejor que la creencia en la regeneración bautismal?

En el Nuevo Testamento no encontramos a ninguna persona que haya nacido de nuevo por medio de una "oración de entrega". Tampoco encontramos un mandamiento de llamar a la gente a que hagan una tal oración. El llamado del Nuevo Testamento es a "arrepentirse y creer", o sea, un cambio espiritual, del "corazón". No es necesario que este cambio se exprese en una "oración de entrega" (muchas de estas oraciones son "honrando al Señor de labios solamente"). Pero este cambio con seguridad se va a expresar en una vida cambiada.

Veamos dos ejemplos:
1. Zaqueo. Al final de su encuentro con Zaqueo, Jesús le dijo: "Hoy ha venido la salvación a esta casa." (Luc.19:9) ¿Por qué dijo Jesús esto a Zaqueo? ¿En algún momento dijo Zaqueo: "Jesús, entra a mi corazón y perdóname todos mis pecados"? - No, él no hizo esto. Pero declaró que iba a repartir la mitad de su fortuna a los pobres, y que iba a devolver cuatro veces más a todos los que había estafado. Nadie le dijo que debía hacer esto; él mismo lo decidió después de encontrarse con Jesús. Y podemos estar seguros de que lo hizo tan pronto como posible - de otra manera, Jesús el conocedor de los corazones no le hubiera asegurado de su salvación. - Esto fue un cambio completo de su manera de vivir. Este cambio afectó el "pecado favorito" de Zaqueo: su avaricia y deshonestidad.

2. Saulo/Pablo. En el camino a Damasco, el Señor Jesús apareció a Saulo en una luz desde el cielo. Si examinamos este relato, vemos que Saulo dijo muy pocas cosas al Señor; de hecho, solamente dos pequeñas preguntas: "¿Quién eres, Señor?" Y después: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?" (Hechos 9:4-6, 22:7-10). En ningún momento dijo "Jesús, entra a mi corazón y perdóname todos mis pecados", o algo parecido. Pero las dos pequeñas preguntas que hizo, expresan un cambio completo en la vida de Saulo: Su "pecado favorito" era el rechazo a Jesús. De ninguna manera hubiera Saulo aceptado que Jesús era el Hijo de Dios; al contrario, él perseguía violentamente a todos los seguidores de Jesús. Pero en este encuentro con Jesús, Saulo le llama "Señor". Y de hecho, a partir de ese momento, Saulo obedeció a cada cosa que Jesús le ordenaba. No tenía necesidad de decir una "oración de entrega". Toda su vida testificaba de que él había en realidad "entregado su vida a Cristo".

¿Por qué entonces creen tantos evangélicos que es el ritual de la "pequeña oración" que hace nacer de nuevo? La gran mayoría de estas "oraciones de entrega" son igual de "vacías" como los bautismos católico-romanos. Y esta es la raíz de todos los demás problemas, porque la mayoría de los que se llaman "evangélicos" nunca han nacido de nuevo.


El ritual de la "reconciliación".

Algo muy parecido sucede cuando alguien tiene un asunto que arreglar con Dios o con algunos de sus prójimos. Se le llama a "venir adelante" en la iglesia, a "arrodillarse ante Dios" (si el asunto es con Dios) o a "perdonarse con el hermano y abrazarle" (si el asunto es con un hermano). Después de cumplir con este ritual, esta persona cree que todo está bien porque "se ha reconciliado".

Una adolescente que una vez estuvo en mis clases, tenía mejor discernimiento. En una hora de preguntas, ella hizo la pregunta: "¿Por qué los ancianos de mi iglesia dan tan mal ejemplo? Ellos mismos no hacen lo que dicen; y cada mes se reconcilian ante la iglesia, pero después siguen los mismos como antes."

También por mis propias observaciones, tengo razones para asumir que 99% de estos rituales de reconciliación son completamente "vacíos", porque no hay un verdadero reconocimiento del pecado, no hay arrepentimiento, no hay cambio, y no hay ninguna obra de Dios allí. ¿Por qué creen que con estas acciones externas puedan obligar a Dios a perdonar y a restaurar? Dios mira el corazón y no se deja engañar con nuestro "servicio de labios solamente".

El Señor ha dicho claramente como tratar con diferencias entre hermanos:
"Si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano." (Mateo 18:15) - La paralela en Lucas 17:3 dice aun más claramente lo que se entiende con "si te oyere": "...y si se arrepintiere, perdónale." Ya hemos visto arriba que "arrepentirse" no es una "declaración de labios" ni un ritual externo; es un cambio del corazón y de la manera de vivir.
El Señor sigue diciendo: "Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra." (Mat.18:16) He experimentado varias veces que es increíblemente difícil, encontrar a personas dispuestas y capaces de actuar como testigos imparciales en un tal caso. Si son de la misma congregación, normalmente no son imparciales o no quieren comprometerse por temor a represalias; y si son de otra congregación, normalmente los hermanos que tienen el problema no quieren aceptarlos. Es que es mucho más difícil, hablar de los asuntos de manera honesta y abierta, y señalar el pecado. Por eso, la mayoría de las iglesias prefiere un "ritual de reconciliación" a lo fácil.
- Sigue: "Si no les oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano." (Mat.18:17) - Este verso merece mucho más comentario de lo que alcanza el espacio aquí; me limitaré a estas pocas pautas:
- El Señor no habla de los "líderes de la iglesia", sino de "la iglesia" en total; o sea, si el asunto no se pudo arreglar con testigos, todos los hermanos tienen que involucrarse.
- Ni muchos menos habla de un "acto de disciplina" de parte de los líderes contra un "miembro rebelde", como algunos lo interpretan. En estos versos, todas las personas involucradas se tratan como "hermanos" al mismo nivel, y el Señor no hace ninguna diferencia si uno de los involucrados es un líder o no.
- Tampoco habla de un "abrazo de oso mentiroso" ante toda la congregación. Mas bien habla de tratar el asunto abiertamente ante todos (al estilo de Hechos 15), con la meta de llevar al pecador al arrepentimiento; y si no se arrepiente, "tenerlo por gentil y publicano", o sea, tratarlo como a un incrédulo.

De manera muy parecida funciona la "reconciliación con Dios". Es necesario un verdadero reconocimiento del pecado, y un arrepentimiento de corazón, como vimos cuando hablamos de la entrega a Dios. Donde no hay este arrepentimiento, el ritual de "arrodillarse y pedir perdón" es en vano.


El ritual de "alabanza y adoración".

Ahora estoy entrando en un terreno un poco espinoso, porque la alabanza es realmente algo que se hace con los labios, "fruto de labios que confiesan Su nombre" (Hebr.13:15). En los Salmos, Dios nos llama a alabarle con canciones, con instrumentos musicales, y con todo nuestro cuerpo. Estas son realmente acciones o "rituales" externos. Pero nuevamente tengo que preguntar: ¿Estas formas son la realidad espiritual de la alabanza, o son solamente su expresión?
En Salmo 100:4 (y otros pasajes) la alabanza es llamada "acción de gracias". Esto tiene que ver con un corazón agradecido. Varios pasajes en los Salmos dicen que la alabanza surge desde el corazón:

"Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón" (Sal. 9:1, 86:12)
"Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi canción le alabaré." (Sal.28:7)
"Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto: Cantaré, y trovaré salmos." (Sal.57:7, 108:1)
y otros.

Esto corresponde bien a lo que dijo Jesús, de que el pecado comienza con los malos pensamientos del corazón. De la misma manera, la verdadera alabanza comienza con los pensamientos agradecidos del corazón. Donde hay realmente este corazón agradecido, el canto, la música, y aun los saltos de alegría son expresiones legítimas de esta gratitud. Pero donde falta esta gratitud, la "alabanza" se convierte en un ritual vacío y no agrada a Dios.

Si tu alabanza es verdadera, entonces estarás también agradecido a Dios en tu vida diaria. No estarás afanado por alcanzar muchos deseos, sino que estarás agradecido y contento con lo que Dios te da. Le darás gracias espontáneamente por Sus pequeños regalos que El te da a lo largo de un día normal; no limitarás tu "alabanza" a un tiempo especial en la reunión de la iglesia. Estas pautas te ayudarán a descubrir si tu alabanza es verdadera, o solamente un ritual vacío.

También tenemos que preguntarnos si nuestra alabanza es realmente para alegrar a Dios, o para alegrarnos a nosotros mismos. En algunas iglesias uno tiene la impresión de que se reúnen más para su propia diversión, que para honrar a Dios.

Además, para que la alabanza sea agradable a Dios, se requiere no solamente un corazón agradecido; se requiere también un corazón justo y recto. A la pregunta, ¿Quién puede subir al lugar santo de Dios?, David responde: "El limpio de manos, y puro de corazón..." (Sal.24:4)
"Alegraos en Jehová, y gozaos, justos: Y cantad todos vosotros los rectos de corazón." (Sal.32:11)
"Te alabaré con rectitud de corazón..." (Sal.119:7)

Cuando un pueblo se reúne para "alabar", pero sus corazones están llenos de mentira, injusticia y engaño, Dios dice que El aborrece esta "alabanza":

"Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. ... Quita de mí la multitud de tus canciones, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo." (Amós 5:21-24) - Temo que Dios tenga que decir lo mismo a muchas de las iglesias contemporáneas.

Otra distorsión de la alabanza sucede cuando no se les permite a los hermanos tener sus propios sentimientos. "¿Qué te pasa hermano, por qué pones una cara tan triste? ¡Todos tenemos que estar alegres en el Señor!"

No creo que David estaría de acuerdo con esto. Muchas veces, él expresó abiertamente sus penas y tristezas ante Dios:
"Mi corazón está acongojado..." (Sal.38:10)
"Mi corazón está adolorido dentro de mí..." (Sal.55:4)
"Porque yo estoy afligido y necesitado; Y mi corazón está herido dentro de mí." (Sal.109:22)
En algunas iglesias que siempre quieren darse una apariencia de "victoriosos", no se permiten tales expresiones. Aun el hermano que acaba de sufrir una desgracia terrible, se siente obligado a cantar y a saltar como si fuera el hombre más feliz del mundo. Se siente obligado a ser un hipócrita. El Señor, en cambio, permite a cada uno tener sus propios sentimientos y expresarlos de forma adecuada:
"¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas." (Stgo.5:13)
Entonces una respuesta más apropiada al hermano con la cara triste sería: "¿Tienes alguna necesidad? Ven, quiero orar por ti, ¿y quizás hay algo más que puedo hacer para ayudarte?"

Hablaremos ahora de la "adoración".

El teólogo Wolfgang Simson mencionó en una conferencia que la idea de "adoración" como "un tiempo de cantos en la iglesia" apareció solamente en las últimas pocas décadas de la historia. Antes de esto, "adoración" tenía que ver con el sacrificio de servir a Dios con la vida entera. Efectivamente, la primera instancia donde la palabra "adorar" aparece en la Biblia, habla de Abraham que tuvo que sacrificar a su hijo Isaac (Gén.22:5).

En el idioma inglés, la palabra para "adorar" (worship) viene de la misma raíz como la palabra para "trabajar" (work). También en el hebreo, la palabra para "servir" ('abad) tiene el significado tanto de "trabajar" como de "adorar". "Adoración" es mucho más que un ritual de la iglesia; es honrar y glorificar a Dios con todo lo que hacemos en nuestra vida diaria. ¿Tiene Dios el primer lugar en tus pensamientos y acciones durante un día normal? ¿Actúas con integridad y honestidad, de manera que Dios puede alegrarse de tus obras? Esto tiene mucho que ver con el "culto lógico" del que habla Pablo en Romanos 12:1-2. Recordemos que estos versos no se refieren a una reunión en una "iglesia", sino a la vida diaria:

"Les animo entonces, hermanos, por medio de la compasión de Dios, que presenten vuestros cuerpos como sacrificio viviente, santo, agradable a Dios. Esto es vuestro culto lógico. Y no se dejen formar juntos con este mundo, sino déjense transformar constantemente por la renovación de vuestra mente, para que ustedes comprueben cuál es la voluntad virtuosa y agradable y perfecta de Dios."

Esta es una adoración que realmente cuesta algo; un sacrificio de la vida entera.

En los Salmos, "alabanza" y "adoración" tiene que ver también con la proclamación de Dios ante las naciones. Dios quiere que nosotros, Su pueblo, seamos una demostración de El ante el mundo - no solamente con nuestras palabras y canciones, sino con nuestra vida entera. Los cantos y oraciones son rituales vacíos cuando no concuerdan con nuestra vida.

En conversaciones con personas no cristianas encontré que su principal razón por no creer, es el comportamiento de los evangélicos que ellos conocen, y de sus pastores. A ellos no les interesa cuan bonito sabemos cantar en los servicios, o cuántas palabras religiosas sabemos decir en nuestras oraciones. Ellos desean ver una demostración de Dios en la vida diaria.

Si quieres saber si eres un verdadero adorador, no preguntes a los hermanos que te ven "adorar" en los servicios de la iglesia. Pregunta a tus "prójimos" en el verdadero sentido de la palabra, las personas más cercanas a ti: tus familiares, tus vecinos, tus compañeros de trabajo o de estudio - si ellos ven una demostración de Dios en tu vida diaria.


El nombre de Jesús como "fórmula mágica"

Jesús nos ha dicho que tenemos el privilegio de pedir al Padre en Su nombre (Juan 16:23-24). Algunos han hecho de esto una "fórmula mágica" para que la oración sea más eficaz: creen que Dios "tiene que responder" cuando dicen "te pido en el nombre de Jesús". (¿Se olvidaron de lo que Jesús dijo acerca de las "repeticiones vanas"?)

Pero esto no es lo que el Señor quiso decir. "En el nombre de Jesús" significa "en representación de El". En aquellos tiempos era una práctica común, para comunicar un mensaje importante, enviar a un siervo para que lleve el mensaje "en el nombre de su señor". Así por ejemplo un señor podía mandar a un siervo de su confianza: "Anda a la casa de mi primo y dile en mi nombre, que me preste cincuenta monedas de plata." Entonces el primo iba a recibir al siervo y hacerle caso como si fuera el señor mismo.

Obviamente, este siervo no puede pedir cualquier cosa que se le ocurre "en el nombre de su señor". El tiene que representar fielmente la voluntad de su señor. De la misma manera, nosotros tenemos que ser primeramente siervos fieles del Señor, dignos de Su confianza, si queremos pedir algo en Su nombre. Tenemos que representar fielmente la voluntad del Señor. Entonces no podemos pedir cualquier cosa que se nos ocurra "en el nombre de Jesús", como si esta fuera una fórmula mágica para cumplir nuestros deseos. Solamente podemos pedir lo que sabemos que es la voluntad del Señor. (Vea también 1 Juan 5:14.) En cualquier otro caso, las palabras "en el nombre de Jesús" son completamente vacías y sin valor. - Pero una vez que conocemos la voluntad del Señor, podemos pedir con toda confianza de que Dios nos hará caso (y quizás ni siquiera tenemos necesidad de decir "en el nombre de Jesús", porque el Padre ya puede ver que somos Sus representantes.)

En este contexto pertenece también la costumbre de algunos, de gritar a voz en cuello cuando se encuentran en una confrontación con poderes demoniacos, porque creen que así tendrán más autoridad. Pero los demonios no se impresionan por el volumen de nuestra voz. Mas bien tiemblan y se escapan cuando ven que Jesús está con nosotros y que somos Sus representantes legítimos (vea Stgo.4:7). Nuevamente: no son nuestras acciones externas que influencian en el mundo espiritual. La realidad espiritual es lo primero.


El ritual de la imposición de manos.

En todo el Nuevo Testamento vemos que la imposición de manos en aquel tiempo era algo sumamente poderoso. Enfermos incurables se sanaban. El Espíritu Santo descendía del cielo con manifestaciones visibles y audibles. La imposición de manos señalaba que Dios actuaba de manera poderosa. Pero nuevamente, tenemos que entender que la imposición de manos no era la causa de la acción de Dios; solamente era su expresión por parte de Sus siervos obedientes. Por eso, había que manejarla con cuidado y en obediencia a la dirección de Dios. Hebreos 6:1-2 sugiere que la imposición de manos era para los primeros cristianos algo tan fundamental como la conversión y el bautismo. Y Pablo advierte a Timoteo: "No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos." (1 Tim.5:22)

Pero hoy en día, parece que la imposición de manos se ha convertido en una moneda barata, donde en "tiempos de ministración" cientos esperan con una expectativa supersticiosa la oración con imposición de manos de un pastor para recibir alguna "bendición", pero en la mayoría de los casos no sucede nada significativo en lo espiritual. Observé como en muchos casos los pastores que "ministran" de esta manera, ni siquiera preguntan a los hermanos cuál es su pedido; simplemente oran de manera generalizada por una "bendición" o una "sanidad" cualquiera. De una oración tan generalizada ni siquiera es posible decir si en algún momento Dios respondió a ella o no. Pero parece que muchos hermanos están contentos con haber cumplido con el "ritual" - aunque es obvio que la mayoría de estas imposiciones de manos son completamente "vacías" espiritualmente.

Aun en oportunidades muy "solemnes", como por ejemplo la ordenación de pastores, parece que mayormente se imponen las manos solamente para cumplir con la liturgia, pero no porque Dios estuviera haciendo algo fuera de lo común. Estas imposiciones de manos son "vacías", porque las personas ordenadas no tienen un verdadero llamado del Señor, o porque las personas que imponen las manos no fueron realmente encargadas por Dios para hacerlo; simplemente lo hacen porque les parece una buena idea o porque la liturgia de la iglesia lo requiere. Pero si Dios no se manifiesta en ello, ¿para qué entonces lo hacen?

No podemos salirnos del apuro diciendo que "las bendiciones de Dios son invisibles y tenemos que aceptar por fe que las recibimos." Esto sería lo mismo como un sacerdote católico diciendo: "El nuevo nacimiento es algo invisible, y tenemos que aceptar por fe que el bebé bautizado nació de nuevo." El hecho es, cuando en el Nuevo Testamento se imponían manos, ¡sucedía algo visible!
(Aun peores son aquellos manipuladores que imponen las manos para que venga el Espíritu Santo, y si no sucede nada, le dicen al hermano: "Tienes que creer que lo has recibido, ¡ahora abre tu boca y habla en lenguas!" - así exigiendo que el pobre hermano intente producir por sí mismo lo que solamente Dios en Su soberanía puede dar. De esta manera pueden entrar toda clase de falsificaciones que no hacen nada sino desacreditar la obra de Dios.)

La única respuesta honesta, en mi opinión, consistiría en humillarnos ante Dios y reconocer que hemos perdido (con muy pocas excepciones) la autoridad espiritual que la primera iglesia tenía. Que el Señor abra nuestros ojos para que nos demos cuenta dónde nos hemos apartado del camino; que dejemos atrás nuestras supersticiones y nuestros rituales humanos con los que hemos suplantado el actuar de Dios; que purifiquemos nuestros corazones y regresemos a El, para que nuevamente "sean borrados nuestros pecados, y vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio". Estoy convencido de que Dios está tan dispuesto hoy en día como al principio, de obrar en la tierra con poder, si El puede tan solamente encontrar a un pueblo "limpio de manos y puro de corazón", un pueblo convertido de corazón y no solamente a manera de un ritual.


Rituales de "guerra espiritual".

Este punto se refiere solamente a ciertos sectores particulares del mundo evangélico; sin embargo me parece importante mencionarlo. No por último, porque yo mismo participaba en actividades de esta clase durante algún tiempo de mi vida, y debo una explicación a los hermanos que me conocían en aquel tiempo.

La guerra espiritual, en sí, es una realidad que no se puede disputar. La Biblia habla claramente del conflicto entre los demonios de satanás y los ángeles de Dios, y de la guerra que satanás hace contra los creyentes. Leemos también acerca de la necesidad de estar "armados" espiritualmente (2 Cor.10:3-5, Ef.6:10-20, y otros). También es una tarea encargada a nosotros como creyentes, "discernir los espíritus" y expulsar demonios.

El problema surge cuando intentamos llevar a cabo todo esto de manera "sacramental", por medio de rituales externos. Por ejemplo cuando te dicen que actúes como si te pusieras una armadura, y entonces debes creer que eres "protegido" en lo espiritual. ¡Esta acción externa no tiene ningún efecto en lo espiritual! La coraza de justicia, por ejemplo, no la obtenemos actuando como si nos pusiéramos una coraza. La obtenemos confiando en la justicia de Jesús, y manteniendo una actitud de esta misma justicia en nuestros pensamientos y acciones.

De manera parecida, los "estrategas de guerra espiritual" han inventado un montón de rituales, tales como: pisar un mapa con los pies para "conquistar una nación para Dios"; ungir con aceite ciertos lugares para "tomarlos para Dios"; subir al lugar más alto de una ciudad para "combatir" desde allí las potestades en el aire; etc. - Con todo esto está entrando sutilmente la idea "sacramental", de que nuestros rituales externos puedan influenciar el mundo espiritual. Esta es una gran equivocación, y consecuentemente, estas formas de "hacer guerra espiritual" no han dado muchos resultados. Conozco al menos dos ciudades donde se está haciendo esta clase de "guerra espiritual" desde hace veinte años, y no se ha producido ninguna apertura significativa para el Evangelio.

Surge aquí la pregunta: ¿No han usado los profetas también señales visibles para llevar a cabo la voluntad de Dios? Nos recordamos de Jeremías, llevando un yugo por las calles de Jerusalén anunciando el "yugo" venidero del rey de Babilonia. Nos recordamos de Ezequiel, haciendo un hueco en la pared de su casa y saliendo por él, anunciando la salida del pueblo al cautiverio babilónico. Nos recordamos de Jesús mismo, haciendo secar una higuera para anunciar el futuro juicio de Dios sobre Jerusalén.

Estas sí fueron acciones en lo material, que anunciaron y expresaron una realidad espiritual. Pero tenemos que entenderlas de la manera correcta. Aquí también se aplica: Lo espiritual es lo primero. Lo material obedece a lo espiritual, no al revés. Primero Dios, en lo espiritual, planeó Su juicio futuro. Después reveló este plan al profeta. Entonces, en respuesta a esta revelación, el profeta hizo la señal visible para "demostrar" al pueblo la voluntad de Dios que había entendido. Esto es muy diferente de "hacer una señal" según mi propia voluntad, y esperar que Dios actúe en obediencia a esta señal.

En otras palabras: si Dios te revela que de verdad El va a "conquistar un país" y que tienes que pisar un mapa para anunciarlo, ¡entonces hazlo! - Aunque dudo que Dios diga tal cosa, porque no hay ninguna promesa bíblica para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, de que "conquistará tierra" antes de la segunda venida del Señor. Pero puede haber otras revelaciones de Dios que de verdad exijan hacer alguna "señal profética". La diferencia está en el concepto que tenemos acerca de tales señales: ¿son una respuesta obediente a una realidad espiritual que Dios ha revelado; o intentamos por nuestra parte "obligar" a Dios a que haga algo según nuestras propias ideas?

- Hay un pasaje bíblico que parece apoyar la idea de "rituales de guerra". Me refiero a 2 Reyes 13:14-20. Eliseo dice al rey Joás que tire una saeta por la ventana, y dice: "Saeta de salvación de Jehová ... porque herirás a los sirios." Después dice: "Toma las saetas. - Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora solo tres veces derrotarás a Siria."
Este pasaje es a menudo interpretado como si el tiro y los golpes de Joás hubieran causado su victoria resp. su derrota. Pero a la luz de los otros pasajes y principios que hemos mencionado, no puedo apoyar esta opinión. Es mala interpretación, interpretar un pasaje bíblico de una forma que contradice a los principios claramente revelados en otras partes de la Biblia. Por tanto, yo entiendo en este pasaje que el tiro de flecha, y los golpes a la tierra, eran expresiones de la actitud del corazón de Joás, o sea, de una realidad espiritual que ya estaba allí en su corazón. Fue su actitud de confianza en Dios y Su palabra (que tenía), y de perseverancia hasta el final (que no tenía), lo que decidió sobre su victoria o derrota; no fueron los "rituales" en sí.


Voy a mencionar otro punto en este contexto, que quizás va a escandalizar a algunos, pero creo que debo mencionarlo. La idea de querer manipular el mundo espiritual por medio de acciones materiales, tiene un nombre. Este nombre es "brujería". Es conocido que los brujos y chamanes a menudo usan una prenda de una persona, o una foto, o una representación material en forma de una muñeca etc, para llevar a cabo ciertos rituales y así intentar obrar sobre la persona en el ámbito espiritual. También en la brujería se pone énfasis en decir exactamente las palabras correctas, o llevar a cabo las acciones "litúrgicamente correctas", para que el mundo espiritual responda a estas acciones. Este es exactamente el concepto que venimos tratando aquí bajo el nombre de "sacramentalismo". Y los poderes de las tinieblas se prestan con gusto para participar en esta clase de "juegos", porque saben que es una manera muy eficaz de seducir a los hombres y llevarlos por el camino equivocado. Tengamos cuidado de no querer manipular a Dios de esta manera. Tengamos cuidado de que nuestros "bautismos" y "cenas del Señor", nuestras "conversiones" y "reconciliaciones", nuestras "ministraciones" e "intercesiones" no se conviertan en una forma de "brujería cristiana". En vez de confiar en rituales y acciones externas, busquemos la realidad espiritual que viene de Dios mismo, y convirtámonos a El de todo corazón. Dejemos atrás la mentalidad sacramentalista, y volvámonos auténticos.

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