¿Así que ya no quieres ir a la iglesia?

Por Jacob Colsen

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Capítulo 10: Ganado para la confianza

¡Qué mañana!

Nada había ido bien, y a la hora del almuerzo estuve bastante frustrado. Yo había pasado una buena parte de la mañana conversando por teléfono con Diana. Un mes después de que Juan había visitado nuestro grupo en casa, ella había venido para hablar con Laura y conmigo acerca de su lucha continua por el romance que había tenido con nuestro pastor anterior. Ella había recibido cierta ayuda para superar sus emociones, y sintió que estaba lista para confrontarle a él. Ella quiso saber si yo iba a acompañarle.

Mi primera reacción fue intentar ayudarle, no importa cuan incómodo iba a ser para mí. Al inicio no tenía ninguna idea de cómo hacerlo, o si siquiera lograría hacer una cita con Jim. Pero cuánto más lo pensaba, más incómodo me sentía. Algo simplemente no parecía bien, pero no pude señalarlo exactamente. Lo dije a Diana, y ella me había dado un tiempo para pensarlo. Pero ahora, dos meses más tarde, ella estuvo verdaderamente molesta conmigo por atrasar tanto el asunto (como ella lo percibía), y me acusó de no preocuparme por ella.

No pude convencerla de mis buenas intenciones, y por fin ella me colgó el teléfono. La entendí, pero aun así me sentí herido. Mientras intenté decidir qué hacer, dos otras llamadas telefónicas interrumpieron mis pensamientos. La primera me avisó de que una venta importante de una casa se había anulado. La pareja que iba a comprarla, se había separado y desistió de la compra. Yo iba a ganar una comisión de 15'000 dólares de esta venta, y desesperadamente necesitaba dinero. Puesto que no tenía ninguna otra venta confirmada, no sabía qué hacer.

Y unos momentos después, se anuló mi cita para el almuerzo. Yo iba a ofrecer un centro comercial que estaba en venta, pero en el último momento, otro corredor se había enterado de la venta y se había presentado para realizarla. El cliente me pidió disculpas por decepcionarme, diciendo que se sentía más confiado con el otro corredor. Le deseé todo lo bueno, aunque ambos sabíamos que no fui sincero.

Por unos momentos me quedé sentado en mi escritorio, apoyando la cabeza entre las manos. Esta mañana había sido un desastre, y me sentí como colgado sobre un abismo. No tenía ninguna idea de cómo salir de mis dificultades. Pero para mi sorpresa, no estuve enojado.

Decidí ir a casa y ver qué había para el almuerzo. Al salir de mi oficina, me sorprendí al ver a Juan caminando por la acera hacia mí. El miraba hacia abajo y no me había visto hasta que llamé: "¿Y qué haces tú aquí?"

El me miró con una sonrisa. "Oh, hola Jacob." - Nos abrazamos. - "Pensé que iba a ver qué estabas haciendo a la hora del almuerzo."

"Supongo que estás aquí por casualidad..." dije, guiñando con el ojo como si fuera una broma solo entre nosotros.

"No, de hecho vine para buscarte. Tenía una carga por ti en mi corazón durante la última semana, y pensé que sería bueno verte."

"¿Y nunca avisas a nadie cuando vienes? ¿Qué si yo no hubiera estado aquí?"

"Pero estás aquí."

"Pero yo tenía una cita para el almuerzo, solamente que se anuló en el último momento. Tienes suerte." - El entusiasmo de verle ganó pronto sobre las desilusiones de la mañana.

"¿Es este lugar bien?" - preguntó Juan, señalando un restaurante.

"No realmente. La comida no es muy buena. Pero hay uno mejor, tres calles más allá. Podríamos caminar, o te puedo llevar en mi carro."

"Es un día hermoso, caminaremos", dijo Juan.

"¿Cómo estás, Juan?" pregunté, antes que él pudiera preguntarme a mí.

Juan se vio un poco sorprendido por la pregunta. "Estoy bien en estos días, Jacob. He viajado un poco más de lo que me gusta, pero he conocido a algunas personas maravillosas que están descubriendo lo que significa vivir este viaje con Dios."

"¿Es esto todo lo que haces?"

"No", dijo, riéndose. "Pero es lo que más me gusta. Sé algo de construcciones, y así trabajo a menudo renovando casas. Pero mayormente lo hago solamente para tener contacto con las personas. ¿Y tú, Jacob? ¿Cómo estás?"

"No sé. Estoy en una situación extraña. Parece que las cosas no encajan, y esta mañana ha sido devastadora."

"¿De qué manera?"

"Diana ha venido para hablar con Laura y conmigo después de que la trajiste a nuestro grupo. Ella quiere que le acompañe para confrontar a Jim acerca de su romance."

"¿Qué le dijiste?"

"Al inicio dije que lo haría porque quería ayudarle, pero que tenía que descubrir una forma como hacerlo posible. Esto fue hace tres meses, Juan, y cada vez que me alisto para llamar a Jim, tengo este sentimiento abrumador de que no debería hacerlo. Realmente no puedo explicarme por qué. Ella estuvo bastante enojada hoy. Ella piensa que solamente tengo miedo de ayudarle."

"¿Y esto es cierto?"

"Realmente no pienso que es esto, Juan. Ciertamente será incómodo, pero más que todo sigo pensando que no es el tiempo, o que hay algún otro problema que todavía no comprendo."

"Esta es la manera como Dios obra a menudo, Jacob. Si estás dispuesto a hacer algo, pero sientes que no es lo correcto cuando avanzas, entonces es mejor que esperes hasta que las cosas estén claras."

"¿Incluso si alguien piensa que eres una gallina?"

"Incluso así. No puedes echarle la culpa a ella por no ver lo que tú ves. Sé fiel a la obra de Dios en ti, y ama a los demás incluso cuando ellos te malentienden. Esto es vivir en la gracia."

Habíamos llegado al restaurante, y abrí la puerta para dejar entrar a Juan. Nos sentamos a una mesa, y Juan me preguntó cómo estaban las personas con quienes nos habíamos encontrado la última vez.

Cuando le miré para responder, vi detrás del hombro derecho de Juan a alguien que hizo que mi corazón se detuviera por un instante. Fue Jim, mi jefe anterior y pastor en la Comunidad del Centro. Sonrió por toda su cara al saludar a la moza, y pidió una mesa para dos. Pero tan pronto como se sentó - en el rincón más alejado -, vi como sus hombros se cayeron al suspirar profundamente. El se veía como alguien que había trabajado toda la noche. Sacó un libro para leer, sin siquiera mirar el menú.

Distraído por su presencia, intenté responder la respuesta de Juan. "Todos parecen estar bien, pero el grupo en sí se ha deshecho desde que estuviste allí."

"¿Y por qué?"

"Tal vez tiene que ver con las vacaciones del verano. Pero también pienso que ellos tomaron a pecho lo que dijiste, y no habían sido tan comprometidos con las reuniones. Tienen muchas excusas, y parece que nadie extraña las reuniones. Me pregunto si te hemos malentendido. Parece que no encontramos ninguna manera de juntarnos sin asumir un compromiso."

"Lo que sería una buena razón de no hacerlo", dijo Juan.

"O sea, ¿tú piensas que no vale juntar a la gente, si en realidad ellos no lo quieren?"

"¿Quién dijo algo de querer, Jacob? Es de gran valor para el Cuerpo de Cristo, encontrarse unos a otros y compartir la vida de Cristo juntos. Donde la gente hace esto, ellos no necesitan compromisos. Ellos harán todo lo que pueden para estar juntos. Pero donde no hacen esto, no les servirá simplemente comprometerse a una reunión. La mayoría de las reuniones cristianas les dan a la gente no más de las cosas de Dios, de lo que es necesario para vacunarlos contra la realidad de su presencia."

Felizmente vino en este momento la moza para recibir nuestro pedido, porque yo necesitaba tiempo para comprender lo que Juan acababa de decir. Después de pedir nuestros almuerzos, me volví hacia Juan, mirando con un ojo a Jim quien seguía solo. - "O sea, ¿tú piensas que nuestras reuniones podrían volverse un sustituto por Dios mismo?"

"No lo quise decir de esta manera. Quise decir que las reuniones se pueden volver artificiales. La gente piensa que con juntarse en una sala, cantar unas canciones y compartir de la Biblia, ya han experimentado la vida de la iglesia. Si todo esto fue auténtico, quizás lo experimentaron. Pero con más frecuencia, es solamente una rutina y la gente se siente contenta con cumplirla; pero en realidad no compartieron en absoluto la vida de Cristo. Es por eso que prefiero despojar a la gente de sus compromisos. Solo así descubres cómo son ellos realmente por dentro, y esto es bueno para ti y para ellos."

"Pero no lo siento así. Tengo la impresión que todos son muy superficiales."

"Quizás lo son; pero quizás están simplemente agotados por sus obligaciones. Que se desintoxiquen de esto por un tiempo, y después todos estarán mejor. Además, aunque ellos no vengan a las reuniones, esto no significa que no puedas tener comunión con ellos individualmente."

"¿Entonces no es importante tener disciplina?"

"La disciplina tiene mucho valor cuando tu mirada está en el tesoro. Pero cuando la disciplina se vuelve un sustituto por el tesoro, te hace daño. Te dará satisfacción simplemente por cumplir una tarea."

"Sí, pero me siento tan fracasado ahora."

"¿Por qué te sientes fracasado?"

"No sé. Quiero descubrir la verdadera vida del cuerpo de Cristo; pero ¿cómo podemos descubrirlo si no encontramos una manera de reunirnos?"

"¿Y cómo podrían ellos faltar a las reuniones, si hubieran descubierto la vida?"

Lo odio cuando él invierte mi tablero del juego de esta manera. Le di una mirada enojada (aunque no en serio), y él encogió los hombros como diciendo: ¿Qué más puedo decir?

"¿Sabes qué es realmente extraño, Juan?"

"¿Qué?"

"Me parece que ahora tengo más cosas para enseñar que nunca antes, pero tengo mucho menos personas con quienes lo puedo compartir."

Juan se rió de corazón: "Si tuviera un dólar por cada vez que escuché esto..." - Después puso su mano sobre la mía. - "No se trata de enseñar, Jacob. Se trata de vivir. Aprende a vivir esta vida, y no habrá fin de las personas con quienes la puedes compartir. Pero si tratas de enseñarlo primero, tu enseñanza será tu sustituto por vivirlo."

Por fin llegó nuestra comida, y Juan comenzó a hablar de otro tema.

"¿Cómo te va con las finanzas, Jacob?"

"Es duro, por cierto. Hasta ahora siempre logramos mantenernos, pero este mes se ve bravo. Perdí dos ventas tremendas esta mañana. Yo contaba con una de ellas para mantenernos hasta el próximo mes. Ahora no sé cómo lo lograré. Yo realmente confiaba en Dios que se realizarían estas ventas."

"Si dices que confías en Dios que él haría lo que tú piensas que es lo mejor, ¿suena esto realmente como confiar en Dios?"

Primero no entendí de qué estaba hablando él, porque eran expresiones que yo usaba sin pensarlo. "Supongo que nunca reflexioné sobre esto."

"Yo diría que confiar en Dios significa permitirle que él haga todo lo que él desea. Si yo ato mi confianza a un resultado específico, yo solo intento manipular a Dios. Además, todavía falta una semana hasta el fin del mes. Yo no me preocuparía de esto. El cuidado de Dios por ti no depende de estas dos ventas."

"Esto es fácil decir para ti. Yo voy a tener gastos de casi 5000 dólares durante las próximas semanas, y no tengo nada para pagarlos."

"¿Y qué te dice esto?"

"Que de alguna manera Dios ha fallado en algo - o yo."

"Mientras no aprendemos a confiar, Jacob, interpretaremos cada suceso desde nuestro propio punto de vista egoísta. Así veremos todo negativo, y esto socava nuestra relación con Dios. Míralo de esta manera: Una tarde, en el camino a casa, tienes un problema con el carro, en un lugar de donde no puedes llamar a casa, y llegas a casa dos horas más tarde de lo que tu esposa te esperaba. Si Laura confía en ti, entonces no hay ningún problema. Pero si ella no confía, entonces ella comienza a preocuparse mientras la cena se enfría, se siente amenazada, e incluso le pueden venir pensamientos de que podrías haber salido con otra mujer. Cuando por fin llegas a casa, ella está enojada contigo y no sabes por qué.
La desconfianza solo hace que nos sintamos amenazados o de miedo. Entonces estallamos en ira contra los demás, o lo escondemos por dentro y nos deprimimos. Cuando crecemos en la confianza, podemos caminar con Dios a través de nuestras preocupaciones y decepciones, y podemos saber que él tiene un plan diferente y mejor de lo que nosotros pensamos."

"Sí, pero no puedo ver cómo conseguir tanto dinero en tan poco tiempo."

"Tú piensas solamente en lo que tú puedes hacer, Jacob. Hay mil maneras como Dios puede proveer por ti."

"Supongo que él podría convertir mi árbol de naranjas en un árbol de dinero si él quisiera; pero no pienso que debo contar con algo así."

"Estoy bastante seguro que no deberías contar con esto. Pero ya tienes suficiente para hoy, ¿no cierto?" - Asentí con la cabeza, pero con una expresión frustrada. - "Esto es todo lo que Dios nos promete, Jacob. El no prometió solucionar nuestros problemas con dos semanas de anticipación, solo un día a la vez, mientras caminamos en él. Y él nos dijo que estemos contentos con lo que él provee."

"Entonces, si hago simplemente lo que quiero, él proveerá todo el dinero que necesito."

Juan se rió. "¿Es esto realmente lo que me escuchaste decir?"

"No exactamente, pero lo que dijiste, suena como si pudiera simplemente vivir en Dios sin pensar ni un momento en el dinero. He conocido a mucha gente que siguió este camino de frente a su ruina financiera."

"¿Realmente?" preguntó Juan. "¿Puedes nombrarme a alguien?"

Intenté recordarme de un nombre, pero no pude. "Sabes, mucha gente intenta vivir por fe, y al fin solamente mendigan de los demás."

"Entonces, ¿estás diciendo que según tu experiencia, Jesús no quiso realmente decir lo que dijo acerca del buscar el reino de Dios primero? Tan solo porque alguien dice seguir a Dios, esto no significa que realmente lo hace. Mucha gente coloca el nombre de Dios sobre sus propios planes. Pero no permitas que esto te aleje de la realidad de que tú sí puedes vivir dentro de los planes de Dios."

No supe qué decir, entonces solamente apoyé mi espalda y miré a Juan.

"Lo que estoy diciendo, es que el seguirle a él es responsabilidad tuya. Proveer por ti, es responsabilidad de Dios. Estarás mejor si no confundes los dos."

"¿Pero no dice Pablo que el que no trabaja, que no coma?"

"No dije que no trabajes. Estoy hablando acerca del trabajo que Dios te da para que lo hagas, y ver como él provee por ti mientras lo haces. Pablo confronta la pereza y la presunción, y esto no es tu caso, Jacob. Si Dios te ha llamado al negocio de bienes raíces, entonces hazlo de todo corazón, y él te proveerá por medio de este trabajo. Si él no te llamó a esto, entonces no lo hagas solamente porque estás ansioso de sostenerte a ti mismo. Quizás Dios no está tan interesado en tu negocio como tú. Hay otras personas que necesitan ayuda en su viaje con él. Quizás Dios quiere esto de ti."

"Me gustaría estar económicamente libre para ayudar a otros a crecer así. Algunas personas ya pidieron mi ayuda, pero intenté primero consolidar el negocio, para poder financiar mis otros deseos. ¿Crees que esto es al revés?"

"No existe ningún principio para responder a esto, Jacob. Todo depende de lo que Dios pide de ti."

"Pero esto me parece tan irresponsable."

"Según el pensamiento del mundo, lo es. Pero si Dios te pide hacerlo, sería irresponsable no hacerle caso."

"Supongo que no sé lo que Dios quiere de mí. Yo quiero confiar en Dios así, pero Juan, me han enseñado toda mi vida a proveer por mí mismo. No conozco ninguna manera de hacerlo diferente. ¿Cómo provee él por ti, Juan?"

"De muchas maneras, Jacob. Una parte viene por medio del trabajo que hago. De vez en cuando, unas personas a quienes ayudé en el pasado, me envían unas ofrendas según el Padre los guía; y esto me permite pasar tiempo con personas como tú. Es cada vez diferente."

"¡Qué libertad sería vivir con una tal confianza!"

"Esta es la confianza que Dios edifica en ti ahora mismo; y estas ventas que se deshicieron, son parte de ello. Es a través de momentos como estos que Dios gana nuestra confianza. Y obviamente, funciona."

"¿Qué? ¿Por qué dices esto?" - pregunté, porque no me parecía funcionar en absoluto.

"Porque no estás enojado como lo fuiste cuando nos encontramos por primera vez. Estás en una situación desesperada; estás preocupado, pero no estás enojado. Esto me muestra un crecimiento increíble."

Y por primera vez me di cuenta de que Dios había cambiado algo permanente dentro de mí. Yo no estaba enterrando mi enojo. El enojo simplemente no estaba allí, aun en mi desilusión.

"Gracias, Juan. Yo realmente no había visto esto hasta ahora."

"Esta es la manera como Dios gana tu confianza. El no te pide hacer algo en contra de toda evidencia. El solamente te pide seguirle, mientras tú miras como él cumple su voluntad en ti.Y mientras haces esto, encontrarás que sus palabras y sus caminos te dan más seguridad que tus mejores planes."

"Nunca lo vi de esta manera, Juan. Siempre pensé que la fe era algo que yo tenía que producir para lograr que Dios actúe."

"Esto no suena tan sano, ¿no cierto? Una confianza creciente es el fruto de una relación personal creciente. Cuánto más le conoces a él y sus caminos, más libre serás de las influencias que te atan a tu propia sabiduría falaz. Mientras verás su sabiduría en tu vida durante los días siguientes, llegarás a saber cuán profundamente puedes confiar en él. Así encontrarás la libertad verdadera."

"¿Entonces no hay confianza sin relación personal?"

"No, de ninguna manera. Demasiada gente confunde la fe con la presunción. Están consumidos por sus propios planes; incluso citan las Escrituras para comprobar que Dios tendrá que hacer lo que ellos quieren; y acaban desilusionados cuando Dios no lo hace. Pero Dios usará aun esta desilusión para invitarlos a una confianza verdadera que se basa en su obra creciente dentro de ellos.
Me gusta que quieras separar el ministerio de los ingresos, Jacob. Este es un deseo piadoso. El ministerio se distorsiona tanto cando uno piensa que debe vivir de ello. Hay tanta corrupción en el cuerpo de Cristo porque la gente quiere usar el ministerio para asegurar sus ingresos. Muchos sistemas de congregaciones y liderazgo vienen de los intentos de la gente de conseguir ingresos, en vez de demostrar una vida en el cuidado de Dios. Una vez que un ministerio es una fuente de ingresos, encontrarás que estás manipulando a la gente para servirte a ti, en vez de dejar que el amor del Padre se mueva en ti para servirles a ellos. Mientras no estés libre para confiar en la provisión de Dios, El no te encomendará a su pueblo.
No pienses que tú eres el que tiene que proveer. Comprende esta lección, Jacob. Vivir en la provisión de Dios es esencial en lo que Dios tiene preparado para ti. Aprende a vivir en lo que Dios coloca delante de ti, no en tus propios planes. En un día cualquiera, esto podría ser ayudar a alguien a encontrar la libertad y la vida en Jesús, o podría ser pintar una casa, o cualquier otra cosa. El proveerá todo lo que necesitas, aunque quizás no lo hará de la manera como tú quieres. Y esto se aplica tanto a las relaciones con las personas, como a las finanzas."

Cuando terminamos de comer, noté que Jim se levantó de su mesa para salir. Sorprendentemente, él había comido solo y caminó ahora por el pasillo que pasaba justo al lado de nuestra mesa. Me agaché por dentro, esperando que él no me iba a ver, mientras intenté mantener mi conversación con Juan como si nada hubiera sucedido.

"No conozco todo lo que Dios tiene para ti, Jacob. Sigue avanzando un paso a la vez, y haz lo que sabes que tienes que hacer cada día. Con el tiempo, las cosas se aclararán."

Cuando Juan terminó, Jim se acercó de frente a nuestra mesa y me saludó. El ya no era el mismo hombre jovial como antes. Se vio profundamente adolorido. Le presenté a Juan, e intercambiamos unas palabras insignificantes para evitar el silencio. Entonces Jim se volvió serio: "Tengo que hablar contigo alguna vez, Jacob, si fuera posible." Parecía que sus palabras se atoraban en su garganta.

"Escucha, Jacob, tengo que llamar por teléfono", dijo Juan mientras se levantó. "¿Por qué no toman un momento ahora mismo?" - Y antes de darme cuenta, Juan se había ido, y Jim se sentó con incomodidad. Apoyó su cabeza en sus manos e intentó decir algo.

Fui empujado por emociones desde catorce diferentes direcciones. No sabía si debía pegarle o sentir compasión por él. Solo sabía que no quise estar allí en este momento. Por fin Jim se compuso y me miró con ojos angustiados. "Debes odiarme, Jacob."

"Hemos tenido mejores días", dije sin saber adónde nos iba a llevar esta conversación. Mis intestinos estaban retorciéndose.

"Quise hablar contigo desde hace mucho tiempo, pero no me atreví. Al inicio estuve tan enojado de que no me ibas a apoyar, y cuando te fuiste, tantas personas salieron heridos."

"Escucha, Jim, no necesitamos repasar todo esto. Fue lo suficientemente doloroso la primera vez."

"Estoy seguro de que lo fue. Solamente quiero decirte cuánto lo siento lo que hice contigo, y que estoy renunciando al pastorado."

"¿Estás qué?" - No pude creerlo.

"Todavía nadie lo sabe. Iba a almorzar junto con el presidente ahora para decírselo. Pero él tuvo una emergencia, y tuvimos que postergarlo." - El miró a la distancia. - "Estoy harto, Jacob. Estoy entrando en una depresión cada vez más profunda, desde hace mucho tiempo. Mi médico me dijo que el estrés del ministerio me está matando."

"¿Pero pensé que las cosas iban bien?"

"Hacia afuera, ¡por cierto! La Comunidad del Centro nunca se veía mejor. Pero por dentro, ¡nada en absoluto!" - Sacudió su cabeza, incapaz de hablar por un momento. - "¿Sabes todo lo que es necesario para mantener esta cosa con vida? ¿Sabes cuántos fuegos tengo que extinguir cada semana, y a cuánta gente tengo que animar y suplicar a que sigan colaborando? Y por dentro estoy tan muerto como siempre. Y cada vez que pienso en ti, las cosas se ponen peor. Tú fuiste uno de mis amigos más cercanos, y te acuchillé por la espalda para salvarme a mí mismo." - Me miró con lágrimas en los ojos. - "Lo siento tanto, Jacob, y quiero arreglar este asunto contigo."

No tenía idea como responderle. Lo sentía por él, y también sentí alegría de que sus errores por fin le habían alcanzado. No me gustó este último sentimiento, pero estaba allí.

"Probablemente no sabes que mi padre falleció. Volveré al este para ocuparme de su negocio por algún tiempo. Y buscaré ayuda para mí mismo. Y también recomendaré a la iglesia que te inviten a ser su pastor."

Mi corazón se detuvo. "Estoy seguro de que será una noticia grande", dije finalmente, con una risa nerviosa.

"No tienes ninguna idea de cuan respetado eres allí. Harías un muy buen trabajo, y no conozco a nadie más que podría recomendar. ¿Te interesaría?"

"Ni en lo más mínimo, Jim." - Me sorprendí de mi propia respuesta. Volver al ministerio sonó bien, y tener un sueldo fijo también. Pero no esta clase de ministerio, y no esta clase de sueldo.

"No necesitas responderme ahora, Jacob. Solo piénsalo. Pero quiero que sepas cuánto lo siento lo que te hice. No fue justo. De toda la gente en el mundo, tú no lo merecías. Cuánto quisiera poder hacer que nunca hubiera sucedido. Mi vida era un tal desorden que tú ni siquiera sabes, y yo solo intenté sobrevivir. Este fue mi error. Yo debería haber renunciado mucho antes."

No sabía qué decir. Luché con perdonarle, pero no estaba seguro si quería hacerlo tan pronto. Nadie me había herido más, y yo no estaba dispuesto a descartarlo todo con un simple "Te perdono".

"No quiero detenerte más, Jacob, y sé que tendremos mucho más que hablar para arreglarlo todo. Pero quiero darte esto, si lo quieres recibir." - Del bolsillo de su abrigo sacó un sobre y me lo dio. Mi nombre estaba escrito encima, con el logotipo y la dirección de la Comunidad del Centro en la esquina.

"¿Qué es esto?" - pregunté.

"Es un regalo, si deseas. Para decir verdad, es tu indemnización. Nuestro liderazgo conversó el mes pasado acerca de la manera como se separaron nuestros caminos, y la mayoría opinó que te habíamos tratado de manera injusta. Son diez mil dólares, Jacob. Probablemente no es tanto como debería ser, pero quizás ayudará un poco a aliviar el dolor. Tiene también una carta de disculpa de parte del liderazgo. Lo iba a llevar a tu oficina después del almuerzo, pero cuando te vi aquí ..."

Una parte de mí quiso rechazarlo y sentirme superior a todo esto. Otra parte de mí sabía cuánto necesitaba el dinero. "No estoy seguro si puedo aceptar esto, Jim."

"Tómalo. ¡Lo mereces! Quizás esto abrirá una puerta hacia la sanidad."

Asentí con la cabeza y puse el sobre debajo de mis manos. Después supe que tuve que proseguir. "Jim, te iba a llamar."

"¿Realmente? ¿Por qué?"

"Estoy en contacto con Diana, y ella me pidió arreglar un encuentro de nosotros tres."

Sus ojos se abrieron grandes, y se notó miedo en ellos. "¿Tú sabes de qué se trata?", preguntó, intentando averiguar en mis ojos cuánto sabía yo. Asentí, e inexplicablemente, se formaron lágrimas en mis ojos.

Su cabeza cayó abajo. El silencio se prolongó entre nosotros. Por fin, después de unos intentos, Jim habló. "Es la peor cosa que jamás hice, Jacob, y esperé que no tenía que salir a la luz." - Suspiró profundamente y miró la mesa, mientras movía nerviosamente el tenedor de Juan. - "Pero no voy a escapar de ello. Tengo que enfrentarlo." - Sacó su celular y revisó su agenda. - "¿Qué tal mañana a las 4:30 de la tarde? ¿Sería posible?"

"Preguntaré a ella, y te volveré a comunicar."

"Por favor hazlo. Realmente tengo que irme ahora, Jacob, pero quiero que las cosas estén arregladas entre nosotros. Y usa el dinero", dijo, señalando el sobre. "Nosotros de todas maneras no le daríamos un mejor uso."

Asentí, mientras Jim se levantó. Se acercó a mi oído y dijo a voz baja: "Y piensa en volver como pastor. Percibo que eres una persona muy diferente de cuando te conocía, y ellos seguramente necesitan tu ayuda." - Y se fue.

Me quedé sentado y miré por la ventana durante un tiempo, incapaz de formar un pensamiento coherente. En algún momento, Juan volvió y puso su mano sobre mi hombro. "Escucha, Jacob, tengo que irme."

Pagamos nuestra cuenta, y junté mis cosas y me dirigí hacia la puerta.

"¿Cómo te fue con Jim?", preguntó.

"Todavía estoy como paralizado. El se disculpó, acordamos una cita con Diana, y él me dio diez mil dólares como indemnización de parte de los líderes."

"¡Wow! ¿Cuánto tiempo he estado afuera?" - dijo Juan, riéndose.

"Estoy tan asombrado de cuántas cosas se hayan resuelto en la hora que pasó. ¿Cómo pudo Dios planear todo esto?"

"Y sin nuestra ayuda", dijo Juan. "No esperes siempre que tantas cosas se resuelvan tan rápidamente, Jacob, pero ciertamente Dios ha respondido a algunas de tus preocupaciones."

"El también está renunciando al pastorado, y me preguntó si podría asumir su lugar."

"¿Y lo harás?"

"No veo como ..." dije, mientras Juan se rió, y salimos a la luz resplandeciente del sol.

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