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LAS OVEJAS DEL PERÚ

Capítulo 9: Restauración de la comunión cristiana

Alcanzando la sanidad personal - - - - - Pasos hacia la sanidad de la nación
Para hojear este capítulo:
Abandona las falsas formas de comunión
Permite a Dios llevarte por el desierto
Busca a los "dos o tres"
Practica el "unos a otros"
La comunión mutua se basa en la comunión personal de cada miembro con Dios.
Lee la Biblia sin "filtros eclesiásticos"
Comunión "afuera del campamento"

"Donde están dos o tres reunidos en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos."
(Mateo 18:20)

El abuso destruye la comunión unos con otros, y con Dios. Hemos visto que un factor importante en ese proceso es la desconfianza. Para restaurar la comunión con Dios, es necesario atrevernos a confiar nuevamente en Él. Dios es completamente digno de nuestra confianza entera. Pero ¿qué de la confianza en otras personas? Hay muchas personas que efectivamente no son dignas de nuestra confianza. En esos casos es correcto desconfiar. Por el otro lado, si queremos volver a tener alguna comunión cristiana, será necesario invertir confianza, por lo menos en unas cuantas personas.

Abandona las falsas formas de comunión

Si fuiste parte de una iglesia o de una organización religiosa similar, probablemente te enseñaron que tienes que participar en las actividades de esa organización para no "morir" espiritualmente. Si las personas culpables de los abusos pertenecen a esa misma organización, eso puede crear un dilema difícil de resolver: Si te quedas en la organización, seguirás sufriendo abuso. Pero no te atreves a salir, por miedo de "morir espiritualmente". Parece que no hubiera otra opción. Pero eso es mentira. La comunión cercana con Dios es el camino de salida. La vida espiritual está en la comunión con Dios, no con hombres o con una organización o iglesia.

En el Salmo 1:1-3 dice que somos bienaventurados si nos apartamos de ciertas personas: los "malos", los "pecadores", los "escarnecedores". Por el otro lado, no dice que tengamos que juntarnos con ciertas personas para ser bienaventurados. Dice que es bienaventurado el que "en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche." La comunión con Dios es suficiente.
Jesús enseñó a Sus discípulos: "Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí ustedes no pueden hacer nada." (Juan 15:5) Y también: "Si alguien tuviera sed, venga a mí y beba. El que confía en mí, según lo que dice la Escritura, de su interior fluirán ríos de agua viva." (Juan 7:37-38). La vida espiritual, el agua viva, fluye desde Jesús, a través de cada uno que está unido a Él. Esta vida está en Jesús, no en alguna organización.

En muchas iglesias se cita Hebr.10:25 ("no abandonemos nuestra reunión..."), para enseñar que es necesario asistir a todos los eventos de la iglesia. Pero se pasa por alto el verso anterior, el cual nos dice para qué se reúnen los cristianos: "Estemos atentos unos a otros para estimularnos al amor y a buenas obras" (Hebr.10:24). Una verdadera reunión cristiana es para estimularnos y animarnos unos a otros; para tener un intercambio espiritual unos con otros. En la forma tradicional de las reuniones de las iglesias no se cumple este propósito. Cantar canciones y escuchar un sermón no es ningún intercambio mutuo; no es realmente "tener comunión". Entonces, el que decide abandonar esta clase de reuniones, no se pierde nada de los beneficios que menciona Hebr.10:24, porque nunca los tuvo.

Además, no podemos asumir que una iglesia automáticamente provea comunión cristiana, tan solamente porque allí se habla de Cristo. Muchas iglesias consisten mayormente en "cristianos sólo de nombre", o sea, que se llaman cristianos, pero que no conocen a Jesucristo personalmente, que nunca nacieron de nuevo por el Espíritu Santo. Aun en las iglesias evangélicas que enfatizan el "entregarse a Cristo", a menudo esa "entrega" no es nada más que un rito religioso exterior. Cuando el Señor quiere guiar a alguien al nuevo nacimiento, primero lo convence "de pecado, de justicia y de juicio" mediante el Espíritu Santo (Juan 16:8-11). Una vez que la persona está profundamente consciente de su pecado y de su necesidad de salvación, el Espíritu Santo le muestra toda la gracia de Dios en Jesucristo, el valor de Su sacrificio en la cruz. Y entonces lo lleva a un arrepentimiento profundo y radical de su pecado, y a la fe (confianza) en Jesús; y entonces puede nacer de nuevo, recibiendo el Espíritu Santo, el "Espíritu de la adopción como hijos de Dios" (vea Rom.8:14-16, Gál.4:4-7). Esta profunda obra del Espíritu Santo no se puede "forzar" con ritos religiosos: ni con los sacramentos católicos, ni con el rito evangélico de la "entrega". Es necesario buscar personalmente a Dios para tener este encuentro con Él. No podemos esperar encontrar una auténtica comunión cristiana, en una iglesia donde la mayoría nunca experimentó esa obra de Dios tan profunda en su vida.

Finalmente, si en una iglesia los líderes enseñan y practican el autoritarismo, y abusan de su poder, eso de por sí ya es una razón para abandonar esa iglesia, porque sus líderes contradicen al Señor con sus enseñanzas y prácticas.

Con todo esto, vemos que un cristiano puede tener buenas razones para abandonar una iglesia o institución religiosa; y que no va a "morir espiritualmente" si lo hace. Al contrario, puede ser necesario salir de allí para preservar la salud espiritual.

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Permite a Dios llevarte por el desierto

Sin embargo, al abandonar formas dañinas de "comunión", no tenemos la garantía de encontrar inmediatamente una comunión sana. En muchos casos, el camino hacia una comunión renovada pasa a través de un "desierto" de soledad. El abuso y las heridas afectaron nuestra capacidad de cultivar relaciones transparentes y de confianza. Necesitamos despojarnos de los mecanismos de defensa que nos ayudaron a sobrevivir en un sistema abusivo, y necesitamos adquirir confianza y transparencia. Eso no sucede de un día al otro. Y puede ser necesario pasar algún tiempo alejado de toda comunión, antes de poder practicar formas sanas de comunión cristiana. Este tiempo en el "desierto" nos puede servir para profundizar la comunión con Dios mismo.

En la Biblia leemos de muchos grandes siervos del Señor, a quienes Dios envió literalmente al desierto por tiempos bastante largos. Abraham tuvo que caminar cientos de kilómetros por el desierto que actualmente pertenece a Arabia y Siria, antes de llegar a la tierra prometida. - Moisés pasó cuarenta años pasteando ovejas en el desierto; y después otros cuarenta años en el mismo desierto como guía de un pueblo rebelde. - Juan el Bautista pasó casi toda su vida en el desierto. - Jesús mismo fue llevado por el Espíritu Santo al desierto, para ser tentado por el diablo durante cuarenta días.

Dios usó diversas circunstancias para llevar a estos hombres al desierto. A menudo fue la persecución por sus enemigos, que los obligó a huir (p.ej. Moisés, David, Elías). En algunos casos fue también un llamado directo de Dios (Abraham, Juan el Bautista, Jesús). En otros parece que se retiraron voluntariamente por algún tiempo al desierto para buscar a Dios (Ezequiel, Daniel, Pablo - Gál.1:15-17).

En el desierto, todos ellos fueron cambiados por Dios para siempre. Algunos fueron purificados y preparados para una tarea futura (Moisés, David, Pablo). Algunos pasaron por tentaciones y pruebas difíciles (David, Elías, Jesús). Algunos tuvieron encuentros impresionantes con Dios (Moisés, Elías, Ezequiel, Daniel, el apóstol Juan en Patmos).

Durante su tiempo en el desierto, todos ellos fueron aislados de la sociedad - aun de la "vida religiosa" de la sociedad. No pudieron compartir sus experiencias más profundas con nadie. Aun después de regresar del desierto, ellos seguían siendo hombres "apartados". Sus prójimos que no habían pasado por tales experiencias del desierto, no podían entenderlos.

Un ejemplo especial tenemos en Juan el Bautista, la "voz en el desierto": Aunque fue profeta, él no iba a los hombres para profetizarles. Al contrario, los hombres tuvieron que ir a él al desierto, si querían escucharle o ser bautizados por él. Así Juan les dio a entender: El que quiere recibir el mensaje de Dios, tiene que estar dispuesto a compartir la experiencia del desierto. Ningún seminario teológico y ninguna iglesia organizada con sus auditorios y sus prédicas puede impartir tales experiencias. En cierta medida, todo cristiano necesita pasar un tiempo en el "desierto" y aprender a estar a solas con Dios, para estar firme en su fe.

El tiempo en el desierto sirve también para despojarte de la mentalidad del sistema abusivo. Alguien ha dicho una vez: "Es fácil salir de un sistema abusivo. Pero es difícil que el sistema salga de ti." El sistema te ha moldeado según su propia imagen. Aunque estés afuera, la mentalidad del sistema continúa dentro de ti. Ahora necesitas remodelar tu manera de pensar y de actuar, según la imagen verdadera de Dios.

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Busca a los "dos o tres"

Jesús prometió: "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mateo 18:20) Para tener comunión espiritual en el nombre de Jesús, no hay necesidad de ninguna organización o institución, ni de una multitud de gente. "Dos o tres" son suficientes. Busca a uno o dos hermanos(as) en la fe que están genuinamente interesados en compartir juntos su vida espiritual, en apoyar y animarse mutuamente, y en buscar al Señor juntos. Que no tengan ninguna agenda secreta de convertirte en un "miembro de su club". Al inicio pueden ser miembros de tu propia familia, si es que son personas de confianza que aman al Señor.

Encuentren una forma de reunirse, tal que todos pueden sentirse conformes y sin presiones. Para algunos, eso puede significar reunirse regularmente en días específicos, en el hogar de uno de ustedes. Para otros, eso puede significar llamarse espontáneamente en cualquier día, cada vez que uno de ustedes tenga una necesidad de orar juntos, o unos pensamientos que compartir. No se impongan ninguna obligación de la que no estén completamente convencidos.

Jesús dice: "[El buen Pastor] llama a sus propias ovejas nombre por nombre, y las lleva afuera. Cuando haya sacado sus propias ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz ... Yo soy la puerta. Cuando alguien entra por mí, será salvo, y entrará y saldrá, y encontrará pasto. ... Yo soy el buen Pastor." (Juan 10:4-5.9.11)
Esto implica que Jesús guía a cada una de Sus ovejas individualmente. Cuando seguimos la dirección de Jesús, encontraremos "pasto". Y el pasto es donde están también las otras ovejas. Podemos confiar en que Jesús nos guiará de tal manera, que tarde o temprano encontraremos a otras "ovejas" con quienes podemos tener una comunión centrada en Jesús mismo, no en un sistema abusivo.

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Practica el "unos a otros"

Los sistemas abusivos enfatizan mucho la "sumisión" y las estructuras verticales, jerárquicas. En realidad, el Nuevo Testamento habla mucho más de las relaciones horizontales, entre hermanos. Estas relaciones se expresan a menudo con palabras como: "unos a otros", "mutuamente", y similares:

"Somos ... miembros los unos de los otros" (Rom.12:5, Ef.4:25)
"Ámense unos a otros." (Juan 13:34-35, Rom.12:10, y otros)
"Carguen los pesos los unos de los otros..." (Gál. 6:2)
"Y no olviden el hacer bien y la comunión [unos con otros]..." (Hebr. 13:16)
"Alójense unos a otros sin murmuraciones." (1 Pedro 4:9)
"Quítense la mentira, y hablen verdad cada uno con su prójimo ..." (Efesios 4:25)
"... enséñense y amonéstense unos a otros en toda sabiduría..." (Col. 3:16)
"Anímense unos a otros, y edifíquense unos a otros" (1 Tes. 5:11)
"...hablando unos a otros con salmos, con himnos y canciones espirituales..." (Ef. 5:19)
"Confiesen vuestras ofensas unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados." (Stgo. 5:16)
"Sean bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros..." (Ef. 4:32)
"Sujétense unos a otros en el temor de Dios." (Ef. 5:21)

... y muchos otros.

La edificación del "cuerpo de Cristo" sucede mayormente mediante estas acciones de "unos a otros". Y muchas de estas acciones se pueden practicar, aun sin la necesidad de tener reuniones formales. Incluso, algunas de ellas no pueden practicarse en reuniones formales; por ejemplo la ayuda mutua práctica. Eso requiere compartir la vida diaria, más allá de reuniones planificadas.

Para una comunión auténtica, es realmente importante compartir la vida diaria, reunirse en los hogares, y visitarse unos a otros en los hogares. Solamente así existe un incentivo para mantener un alto nivel de transparencia. Para tener comunión, es necesario "vivir en la luz" (1 Juan 1:6-7). Cada miembro debe estar dispuesto a ser conocido tal como es, y a recibir a sus hermanos tales como son. Eso es particularmente importante para quienes lleguen a ser reconocidos como líderes o "hermanos mayores". De ellos se requiere la mayor disposición de tener una casa abierta, permitir a los otros hermanos ver cómo viven ellos en familia, y ser honestos también respecto a sus errores y debilidades. Solamente así existe esperanza de que se pueda evitar un nuevo surgimiento de comportamientos abusivos.

Tampoco se debe desalentar la iniciativa personal para la comunión mutua. En muchas iglesias institucionales, los líderes desalientan esa iniciativa personal: No quieren que los miembros se visiten unos a otros; no quieren que algunos oren juntos, aparte de las reuniones de oración dirigidas por los líderes; no quieren que los miembros se ayuden unos a otros. Si queremos una comunión auténtica, hay que recuperar esa iniciativa personal para "hacer bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe." (Gál.6:10)

Si estás muy acostumbrado a las iglesias institucionales, tendrás que "reprogramarte" para adaptarte a las formas bíblicas de comunión mutua. En vez de ser un oyente pasivo, Dios quiere que seas un miembro activo del "cuerpo de Cristo". Y si fuiste un predicador o maestro, tendrás que aprender a dar lugar a los demás, para que ellos también hablen y contribuyan con lo que Dios les ha dado.

"¿Cómo es entonces, hermanos? Cuando se reúnen, cada uno de ustedes tiene una canción, tiene una enseñanza, tiene algo que Dios le descubrió, tiene un [mensaje en un] lenguaje, tiene una interpretación; todo suceda para edificación." (1 Cor.14:26)

Pablo dice que esto es lo normal en una reunión entre cristianos. No una persona que "predica", y todos los demas escuchan. Al contrario: Cada uno tiene algo con qué edificar a sus hermanos; según los dones que Dios dio a cada uno. (Vea también 1 Cor.12:7-11.)
Muchos miembros de iglesias institucionales ni siquiera saben cuál es su función particular en el cuerpo de Cristo, asignada por Dios; porque nunca se les dio una oportunidad de ejercer esa función. La comunión de los "dos o tres" (o aun de diez o de veinte) es una oportunidad y a la vez un desafío, de descubrir esa función y ejercerla.

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La comunión mutua se basa en la comunión personal de cada miembro con Dios.

En las iglesias institucionales, se espera que el pastor o líder sea quien enseñe y "edifique" a todos los demás. Si saliste de ese ambiente y encontraste una comunión de "dos o tres", puede suceder que ahora esperas que sean esos "dos o tres" quienes te edifiquen espiritualmente. Eso sería igualmente equivocado. Solamente Dios mismo es la verdadera fuente de toda edificación espiritual. Aprender eso, es uno de los propósitos del tiempo en el desierto. Dios quiere darte la experiencia de que puedes pasar por un desierto de soledad, y no mueres espiritualmente, porque Él mismo está contigo.

El verso tan abusado, Hebreos 10:25, es precedido por un pasaje acerca de nuestro gran privilegio de tener acceso directo a Dios, mediante Jesucristo:

"Entonces, hermanos, ya que tenemos franqueza para entrar al santuario por la sangre de Jesús, la cual nos consagró como un camino novedoso y viviente a través de la cortina, esto es su carne, y [tenemos] un gran sacerdote sobre el hogar de Dios, acerquémonos con corazón verdadero en plena confianza, los corazones rociados [para limpiarnos] de conciencia maligna, y el cuerpo lavado con agua limpia. Retengamos la confesión de la esperanza inmutablemente, porque fiel es el que prometió..." (Hebreos 10:19-23)

Este es el prerrequisito para que la comunión mutua sea edificante: Cada uno personalmente, en su vida diaria, necesita "entrar al santuario de Dios" para tener comunión con Él mismo. Jesús ha derramado Su sangre para adquirir este derecho, de que nosotros podamos entrar directamente a la presencia de Dios, con una conciencia limpia. Si de verdad eres de Dios y has nacido de nuevo, entonces Él quiere afirmar en ti cada día tu identidad como hijo o hija de Dios; quiere que puedas decirle cada día "¡Abba (Papi)!" (Rom.8:15-16); quiere hablarte; y te permite derramar tu corazón ante Él.

De esta comunión personal con Dios, puede después fluir la edificación mutua al reunirnos con otros hermanos.

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Lee la Biblia sin filtros eclesiásticos

La iglesia católica romana ha definido con mucho detalle cómo debe entenderse la Biblia - en el sentido de que su propia organización sea la única iglesia verdadera -, y así, en la práctica, se ha vuelto incorregible: Las enseñanzas de la iglesia romana no pueden corregirse ni cuestionarse desde la Biblia.

Las iglesias evangélicas no tienen tal doctrina. En la Reforma se estableció que las Sagradas Escrituras son la máxima autoridad sobre la enseñanza y la práctica de la iglesia. En consecuencia, todo lo que enseñan y hacen sus líderes, debe evaluarse según la Biblia, no recibirse sin cuestionar. Y sin embargo, aun las iglesias procedentes de la Reforma han establecido muchas tradiciones y costumbres, que en la práctica tienen mayor peso que la palabra de la Biblia. La inmensa mayoría de los evangélicos, cuando leen en el Nuevo Testamento acerca de la iglesia (si es que siquiera lo leen), se imaginan una iglesia exactamente como la suya: con algún local de reunión o auditorio, donde los miembros se reúnen los días domingo (o algunos los sábados), para cantar unas canciones, y para escuchar una enseñanza de un "pastor" que "predica" desde un púlpito, y para echar unas monedas o billetes en una bolsa de "ofrendas". Estarán muy sorprendidos de escuchar que nada de eso existía en la iglesia del Nuevo Testamento - por lo menos no en la forma como ellos lo conocen.

Si queremos que "el sistema salga de nosotros", será indispensable aprender a leer lo que realmente está escrito, sin las interpretaciones que la tradición eclesiástica ha añadido al texto bíblico. Al leer la Biblia, analiza las imágenes interiores que espontáneamente surgen en tu mente: ¿Corresponden esas imágenes realmente a lo que está escrito? ¿o te estás imaginando cosas que no están escritas en ninguna parte?

Diversos malentendidos surgen porque algunas palabras bíblicas han cambiado su significado en el transcurso del tiempo. Por ejemplo:

"Templo" - Muchas iglesias se han acostumbrado a llamar "templos" a los lugares donde se reúnen. En consecuencia, cada vez que leen "templo" en la Biblia, se imaginan uno de esos lugares. En realidad, ¡Dios prohíbe llamar "templo" a un tal lugar!
En Deut.12:4-14 manda Dios al pueblo de Israel, que ofreciesen sus sacrificios en un único lugar que Dios iba a elegir. En el desarrollo posterior de la historia de Israel, nos enteramos de que ese lugar iba a ser el templo en Jerusalén. ¡Ningún otro lugar en la tierra puede legítimamente llamarse "templo de Dios"!
Además, ese templo no era un lugar de reunión. Era un lugar para ofrecer sacrificios - algo que ya no es necesario en el orden del Nuevo Testamento. Por tanto, como creyentes del Nuevo Pacto ya no tenemos necesidad de ningún "templo". (En cambio, algunos pasajes del Nuevo Testamento dicen que ahora el templo de Dios consiste en las personas de los creyentes: 1 Cor. 3:16-17, 6:19, Ef.2:19-22, 1 Pedro 2:4-5.)
Aparte del "templo" propiamente dicho ("naós" en griego), el Nuevo Testamento a veces llama "templo" al atrio ("hierón" en griego) que rodeaba el templo. Ése era una plaza espaciosa donde la gente traía sus animales para sacrificios. En los tiempos de Jesús, el atrio servía al mismo tiempo de mercado, de lugar de encuentro, y de "auditorio al aire libre" para los rabinos que deseaban propagar sus enseñanzas. En diversos lugares alrededor del atrio, se podían ver rabinos enseñando, rodeados por grupos de oyentes y curiosos. También Jesús y los apóstoles hacían uso de esa oportunidad. Eso es entonces lo que tenemos que imaginarnos cuando leemos que Jesús o los apóstoles "enseñaban en el templo". (Hoy en día lo llamaríamos "evangelización al aire libre".)
En cuanto a las reuniones de los cristianos entre sí, ésas sucedían mayormente en sus hogares, en un ambiente familiar, y sin la presencia de algún apóstol u otro líder eminente.

"Predicar" - La palabra griega "kaerysso" significa literalmente "heraldear". En los tiempos antiguos, un heraldo era un mensajero del rey, que pregonaba en las plazas públicas los anuncios importantes del rey. El Nuevo Testamento describe con esta palabra el anuncio público del evangelio a quienes no lo habían escuchado. Solamente para esas oportunidades es apropiada la palabra "predicar" (en el sentido del Nuevo Testamento). En el contexto de las reuniones de los cristianos entre sí, en cambio, encontramos otras palabras, por ejemplo "enseñar" o "dialogar". Pero con aun mayor frecuencia se mencionan las actividades de "unos a otros", como las que hemos mencionado más arriba. ¡Las reuniones de los primeros cristianos no eran un "show de una única persona"! (Y no tenían púlpito.)

"Pastor" - En ningún lugar del Nuevo Testamento se llama "pastor" a un líder de una iglesia local. De hecho, las iglesias locales no eran dirigidas por un único líder, sino por un equipo de varios ancianos. (Vea por ejemplo Hechos 14:23, 20:17, Fil.1:1, Tito 1:5, 1 Pedro 5:1-3.)
La palabra "pastor", en el sentido de una función en la iglesia cristiana, aparece una única vez en el Nuevo Testamento (Ef.4:11). Allí aparece junto con cuatro otras funciones que se ejercían normalmente por obreros itinerantes (apóstol, profeta, evangelista, maestro). Por tanto, es razonable asumir que los "pastores" en ese pasaje sean también obreros itinerantes, no líderes de iglesias locales.
El verbo "pastorear", en el sentido de una función en la iglesia cristiana, se menciona como una de las funciones de los ancianos (1 Pedro 5:1-3; Hechos 20:28 - vea el v.17).
(La versión Reina-Valera tiene además erróneamente "pastores" en Hebr.13:7.17.24. Allí, el original dice "guías, líderes" en un sentido general. Entonces debe referirse a los ancianos, o quizás a los apóstoles y profetas.)

"Ministro", "ministerio"- Las palabras griegas "diákonos", "diakonía" significan simplemente "siervo", "servicio". En el tiempo del Nuevo Testamento, esas palabras no tenían ninguna connotación "institucional" o "ministerial". Las traducciones bíblicas actuales traducen arbitrariamente en algunos pasajes "ministro" o "ministerio", mientras que en otros pasajes traducen las mismas palabras con "siervo" o "servicio". Esta arbitrariedad se hace obvia cuando comparamos diversas traducciones entre sí. Por ejemplo, entre la revisión de 1909 y la de 1960 de la versión Reina-Valera, los traductores cambiaron en ocho pasajes la traducción de "diákonos" (o de una palabra relacionada) por otra.
En el Nuevo Testamento no existen "ministros", solamente siervos. En particular, en el Nuevo Testamento no existen "privilegios ministeriales", por ejemplo de que solamente ciertas personas privilegiadas podrían bautizar a nuevos convertidos o repartir la cena del Señor. Ningún versículo del Nuevo Testamento establece alguna limitación en cuanto a esas funciones. Saulo fue bautizado por un simple "discípulo" (Hechos 9:10-18). La cena del Señor se celebraba en los hogares (Hechos 2:46), de la misma manera como la Pascua judía, la cual fue "administrada" por el padre de la familia.

Una vez aclarados estos malentendidos, la entera imagen de la iglesia del Nuevo Testamento empieza a cambiar. Podremos comprender por primera vez el sentido pleno de ciertos pasajes que fueron descuidados por la tradición eclesiástica, como el siguiente:

"Pero ustedes no se hagan llamar Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos ustedes son hermanos. Y no llamen vuestro padre a nadie sobre la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Tampoco háganse llamar maestros, porque uno es vuestro maestro, el Cristo. Pero el mayor de ustedes sea su siervo. Y cualquiera que se eleva a sí mismo será humillado, y cualquiera que se humilla será elevado." (Mateo 23:8-12)

Algunos pasajes bíblicos son realmente muy claros. Pero el "filtro" de la tradición eclesiástica puede ser muy poderoso, de manera que nos impide ver lo que realmente está escrito. Una vez experimenté un ejemplo llamativo de eso, cuando en una reunión de hermanos leíamos Hechos 2:46: "Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón..." - Les pregunté: "¿Dónde se reunían los primeros cristianos?" - "En el templo." - "Sí. ¿Y dónde más?" - "En el templo." - "Sí, pero el texto menciona otro lugar más donde se reunían. ¿Dónde?" - "En el templo." - Irónicamente, estábamos en aquel mismo momento reunidos en la casa de uno de los hermanos. Pero aun así, y después de preguntarles tres veces, ellos no eran capaces de ver que estaba escrito "...partiendo el pan en las casas". Su tradición eclesiástica los había cegado de tal manera que literalmente no pudieron ver esas palabras.

En un sistema abusivo, la tradición eclesiástica incluye además las enseñanzas del autoritarismo que hemos examinado en el capítulo acerca de las iglesias. En este caso, el "filtro" puede causar por ejemplo que cada vez que leemos "obediencia", inmediatamente veamos ante nuestra imaginación a un "pastor" o líder, y escuchemos una voz interior que nos dice: "¡Obedece a tu líder!" - cuando en realidad el pasaje bíblico habla de la obediencia hacia Dios.

Es importante para entrar en la libertad que ofrece Cristo, dejar atrás esos filtros de la tradición, y leer lo que realmente está escrito en la Biblia.

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Comunión "afuera del campamento"

Jesús profetizó que la ciudad de Jerusalén iba a ser destruida (Lucas 21:20-24). Eso se cumplió en el año 70, después de varios años de guerra. Ya al inicio de la guerra, cuando los ejércitos romanos se acercaron a Jerusalén, los cristianos se acordaron de las profecías de Jesús. Huyeron al otro lado del río Jordán y se quedaron exiliados allí. Pero deben haber extrañado las comodidades de la ciudad. Y puesto que ellos eran judíos, deben haber extrañado también las grandes celebraciones en el templo y las ceremonias vistosas.
Si saliste de un sistema religioso que es abusivo por dentro, pero muy atractivo hacia afuera, entonces es posible que tengas sentimientos similares. Escapaste de un ambiente que te hacía daño ... pero al mismo tiempo extrañas las grandes celebraciones y el ambiente festivo de las reuniones.

Muchos estudiosos suponen que la carta a los Hebreos fue originalmente escrita para aquellos judíos-cristianos exiliados de Jerusalén. Por eso, esta carta pone tanto énfasis en el valor del nuevo pacto por Jesucristo, que vale inmensamente más que las ceremonias del antiguo pacto. Aunque los cristianos "hebreos" tuvieron que dejar atrás la sagrada ciudad de Jerusalén, y las celebraciones en el templo, ellos tenían algo mucho mejor: el acceso directo a Dios, por medio de Jesucristo.
A esta situación se dirige también el siguiente pasaje:

"Porque de los seres vivientes cuya sangre lleva el jefe sacerdote adentro del lugar santo por el pecado, los cuerpos de éstos se queman afuera del campamento. Por tanto también Jesús, para santificar al pueblo por su propia sangre, sufrió afuera del portal [de la ciudad]. Entonces salgamos a él afuera del campamento, cargando su ultraje..." (Hebr.13:11-13)

El "campamento" se refiere aquí al campamento de Israel durante su viaje por el desierto, o sea, la comunidad del pueblo de Dios. El "portal" se refiere a los portales de la ciudad de Jerusalén. Para seguir a Jesús, los cristianos tuvieron que salir afuera de la ciudad, y estar dispuestos a "ser crucificados" con él. (Lo mismo había pasado ya en Hechos 8, cuando fueron perseguidos por Saulo y los sacerdotes.)
Pero en un sentido figurativo, muchos cristianos se ven obligados también a salir afuera del "campamento" de las iglesias institucionales; sea porque han visto que allí no se vive realmente la vida de Jesús, o sea porque han sufrido abuso, maltrato y persecución. Tienen que cargar con el ultraje de Cristo, porque serán difamados de "rebeldes", "desobedientes" y "apóstatas", de la misma manera como Cristo fue sentenciado por "blasfemia". Y tienen que dejar atrás las comodidades de pertenecer a una congregación bien establecida, vistosa, reconocida, y quizás hasta lujosa.
Es en esta situación que la carta a los Hebreos quiere traerte consuelo y ánimo: Estás en buena compañía; estás en compañía de Jesucristo mismo, quien también fue expulsado de la comunión de los que se llamaban "el pueblo de Dios". Tienes el privilegio del acceso directo a Dios; tienes a Jesús como tu sumo sacerdote; tienes un hogar en el cielo (Hebr.11:13-16, 12:22-24). Todo eso vale mucho más que la congregración terrenal, visible, que tuviste que dejar atrás.

Si esta es tu situación, posiblemente el Señor te guiará a tener comunión con hermanos que están en una situación similar. Para ellos puede ser más fácil entenderte, que para quienes están todavía dentro de las iglesias institucionales.

Pero ojo: El tener comunión con otras "ovejas heridas" no garantiza que el resultado sea una comunión sana. Es importante que cada uno progrese en el proceso de sanidad, como lo describimos en el capítulo anterior. Si tenemos la expectativa de que otras "ovejas heridas" contribuirían a nuestra sanidad, probablemente seremos decepcionados: Solamente Dios puede sanarnos de verdad. Algunos salieron de un grupo abusivo, pero no dejaron realmente atrás la mentalidad abusiva o sectaria que reinaba allí. Así tendrán la tendencia de hacer daño a otros, de manera similar al daño que ellos mismos sufrieron. Todo vestigio de desconfianza, de ira, de deseo de venganza, etc, que queda en nosotros, saldrá a la luz cuando tratamos con otras personas. Si queremos tener una comunión sana, será importante tratar con esos asuntos de manera transparente, confesarlos y traerlos ante el Señor tantas veces como sea necesario.

También será importante fundamentar la comunión mutua en algo positivo: en el amor de Dios y en la edificación mutua. De otro modo, puede suceder que un grupo se forme alrededor de un "credo negativo" como este: "Somos un grupo de personas que fuimos heridos en las iglesias, y por eso estamos en contra de las iglesias." Pero a lo largo no será nada edificante, formar algo como un "club de los que reniegan contra las iglesias". En lugar de eso, ayudémonos unos a otros a enfocarnos en Dios quien nos ama, nos comprende, nos sana, nunca nos abandona, y derrama Su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo (Romanos 5:5). Así sabremos también cómo manejarlo cuando asoman nuevamente los recuerdos del abuso y maltrato sufrido.

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Alcanzando la sanidad personal - - - - - Pasos hacia la sanidad de la nación

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